martes, 27 de septiembre de 2011

Soneto CXL: sé tan sabia como eres cruel

Un soneto pleno de pasion y sentimientos encontrados. Él sabe que ella le engaña, pero está enamorado y le pide que finja que le ama aunque sea mentira.


                 Soneto CXL
Sé tan sabia como eres cruel; no presiones
a mi paciencia amordazada con demasiado desden,
no sea que el dolor me preste palabras y que éstas expresen
la naturaleza de mi pena ansiosa de compasión.
Si pudiese transmitirte conocimiento, sería mejor,
que aunque no me amas, amor, me dijeses que sí,
como los hombres iracundos, que cuando su muerte esta cercana
solamente quieren recibir noticias de mejoría de sus doctores,
porque si caigo en la desesperación me volveré loco,
y mi locura me puede llevar a hablar mal de ti,
ahora que este mundo retorcido se ha vuelto tan pernicioso
que los locos calumniadores pueden ser creídos por los oídos locos.
Para que yo no enloquezca, ni tú resultes calumniada,
mantén tu vista fija en mí aunque tu orgulloso corazón se descarríe.


lunes, 26 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIX: aparta de mi rostro a mis verdugos

Parece ser que la Dama Oscura tiene otros pretendientes a los que dedica atenciones y Shakespeare sufre por ello. Es un tema clásico entre los sonetos de la época, el de la crueldad de la mujer amada. Sin embargo, a mitad de poema introduce una variante al justificar de alguna manera el comportamiento de su amante.

                Soneto CXXXIX
Oh, no me invoques para justificar la injuria
que tu crueldad inflige en mi corazón;
no me hieras con tu mirada sino con tu lengua:
utiliza todo tu poder y no me mates con artificios,
dime que amas a otro; pero en mi presencia,
querido corazón, evita mirar hacia otro lado:
¿Por qué tienes que herir con argucias, cuando tu poder
es mayor que lo que mis debilitadas defensas pueden soportar?
Déjame que te justifique: ah, mi amor bien sabe
que su bella apariencia ha sido mi enemiga,
pero ahora aparta de mi rostro a mis verdugos,
para que hacia otros puedan disparar su daño:
sin embargo no lo hagas, puesto que dado que me hallo moribundo,
remátame con tus miradas y acaba con mi sufrimiento.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVIII: vanamente creyendo que ella me tiene por joven

Este soneto me parece precioso. Hay un juego sutil de engaños, autoengaños y mentiras, que resulta tierno. Él finge ser más joven de lo que es y ella parece que juega a creerlo. Le da miedo perderla por la diferencia de años. Los dos se regocijan con las mentiras mutuas (Therefore I lie with her, and she with me,  And in our faults by lies we flattered be).


               Soneto CXXXVIII
Cuando mi amor jura estar hecha de verdad,
yo la creo aun sabiendo que miente,
de forma que ella me tenga por un joven ignorante
no versado en las falsas sutilezas del mundo.
Por ello, vanamente creyendo que ella me tiene por joven,
aunque ella sabe que mis mejores días han pasado,
sencillamente doy crédito a su lengua mentirosa:
por ambas partes la verdad evidente es suprimida:
pero, ¿por qué ella no reconoce que es injusta?
¿y por qué no reconozco yo que soy viejo?
Oh, el mayor hábito del amor es parecer sincero,
y al amante entrado en edad no le gusta que se le recuerden los años:
por ello, yo miento con ella y ella conmigo,
y con nuestras faltas por mentir nos sentimos halagados.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVII: Amor, ciego estúpido, qué le has hecho a mis ojos

Los sonetos de la Dama Oscura son muy complejos. A veces Shakespeare la pinta como alguien físicamente desagradable pero que despierta la líbido; otras muestra su amor hacia ella a pesar de las habladurías y otras pone en evidencia su promiscuidad. Aquí se mezclan todos los motivos de nuevo: se queja de sufrir pasión por ella, que parece ser que no merece, máxime teniendo en cuenta que esta mujer parece tener relaciones con otros hombres. De hecho, la describe como una prostituta (eso sí, poéticamente).

                    Soneto CXXXVII
 ¿Amor, ciego estúpido, qué le has hecho a mis ojos
que miran pero que no ven lo que ven?
Saben lo que es la belleza, ven dónde se encuentra,
y sin embargo, confunden lo peor con lo mejor.
¿Si los ojos, corruptos por miradas seductoras,
están anclados en la bahía donde todos los hombres cabalgan,
 por qué has forjado garfios sobre la falsedad de una mirada
a los que el juicio de mi corazón está atado?
 ¿Por qué mi corazón concibe un coto
allí donde él mismo sabe que todos los hombres tienen acceso?
¿O, por qué mis ojos, al ver esto, no lo niegan
e insisten en proyectar la belleza en tan desagradable rostro?
Con aquello verdadero y recto mi corazón y mis ojos han errado,
y a esta plaga de falsedad están dedicados.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVI: me amarás porque mi nombre es “Will”

Este soneto sigue la línea del anterior haciendo juegos de palabras con los distintos significados de la palabra Will, en este caso con un abierto componente sexual.

                   Soneto CXXXVI
Si tu alma te reprocha que me acerco demasiado,
júrale a tu alma ciega que era yo, tu Will,
y que el deseo, tu alma lo sabe, está allí permitido;
así que en el nombre del amor, cielo, satisface mi demanda.
Will satisfará el tesoro de tu amor,
ciertamente, lo colmaré de deseo solo con mi deseo.
Es sabido que en cosas de gran enjundia es fácil demostrar
que entre un número de elementos, uno se tiene por ninguno:
así que, entre todos los demás deja que pase desapercibido,
aunque entre tu acervo ocupo un lugar;
no me valores en nada, siempre y cuando te resulte placentera
esa nada que soy yo y sea dulce para ti:
convierte mi nombre en tu amor y ámalo siempre
y en consecuencia me amarás porque mi nombre es “Will”.

martes, 20 de septiembre de 2011

Soneto CXXXV: Cualesquiera que sean los deseos de otras, tú tienes a tu Will

Este soneto juega con el múltiple sentido de la palabra "Will". Los expertos han identificado siete posibles significados de la palabra:
1. Diminutivo de William
2. Voluntad
3. Deseo carnal
4. Verbo auxiliar
5. Obstinación
6. Denominación vulgar del órgano sexual masculino
7. Denominación vulgar del órgano sexual femenino
Cada uno que haga su propia lectura.


                          Soneto CXXXV
Cualesquiera que sean los deseos de otras, tú tienes a tu Will,
y Will de sobra y Will en exceso;
una cantidad de mí que siempre te ha pretendido
de esta manera satisfaciendo tu dulce deseo.
¿Querrías, dado que tu deseo es amplio y espacioso,
permitir por una vez que mi deseo se esconda en el tuyo?
¿Te puede parecer adorable el deseo de otros,
mientras que mi deseo no recibe el brillo de la aceptación?
El mar, que es todo agua, aun así siempre acoge la lluvia,
y con abundancia, añadiéndola a sus reservas;
así que tú, que eres rica en Will, añade a tu Will
un deseo mío, para incrementar tu gran deseo.
No seas ingrata, no mates a los bellos pretendientes;
piensa en todos como uno y en mí como ese uno.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIV: yo mismo estoy hipotecado con tu deseo

El tema es es mismo del soneto anterior, los devaneos amorosos entre la Dama Oscura, Shakespeare y el joven. Es curioso el uso de terminología legal (hipotecas, derecho, endeudamiento) en un poema de amor, aunque según sus biógrafos, Shakespeare estaba bastante versado en el tema por distintas demandas y pleitos a los que se enfrentó a lo largo de su vida.


              Soneto CXXXIV
Ahora que he confesado que él es tuyo
y que yo mismo estoy hipotecado con tu deseo,
cedo mis derechos de forma que mi otro yo
me sea restituido para que siempre me reconforte:
pero no lo harás, ni el deseará ser liberado,
porque tú eres avariciosa y él es generoso;
aprendió a, como si fuera yo, firmar en mi nombre,
aceptando un compromiso que le ata estrechamente.
El derecho que te confiere tu belleza ejercerás,
usurera,  aquel que a todos prestas,
y demandarás a un amigo que se endeudo por mí;
de esta forma le pierdo por mi proceder desagradecido.
A él le he perdido; tú nos tienes tanto a él como a mí:
él paga toda la deuda y sin embargo yo no soy libre.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIII: también debe ser esclavizado mi dulce amigo

El tema se vuelve farragoso. Parece ser que la Dama Oscura, además de a Shakespeare, también ha seducido al joven de los sonetos precedentes. El poeta le pide que le libere del tormento, dado que ya le tortura a él, y se queja de la triple pérdida: de su amada, de su amigo y de sí mismo, pues ella le ha robado el corazón.


                 Soneto CXXXIII
¡Maldito sea el corazón que hace al mío quejarse
por esa profunda herida que nos inflige a mi amigo y a mí!
¿No es suficiente con torturarme solamente a mí,
que también debe ser esclavizado mi dulce amigo?
Tu ojo cruel de mí mismo me ha arrancado
y de mi ser más próximo más duramente te has incautado:
de él, de mí mismo y de ti he sido privado;
un tormento triplicado que debo soportar.
Aprisiona mi corazón bajo la guardia de tu pecho de acero
pero deja que mi pobre corazón responda del de mi amigo;
quienquiera que me encierre, deja que le defienda mi corazón;
no podrás entonces ser severa con mi encierro:
y sin embargo lo serás, porque al ser tu prisionero,
por fuerza soy tuyo, y también todo lo que hay en mí.  

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soneto CXXXII: contemplando mi dolor con bella piedad

Shakespeare establece una comparación poética entre los ojos negros de la Dama Oscura y el luto que a su juicio expresan por compasión hacia él, y le pide al corazón de la amada que también se compadezca y no le torture. Es un tema recurrente en la literatura desde el siglo XIV con Dante y Petrarca.

                  Soneto CXXXII
Tus ojos amo, y ellos, como compadeciéndose de mí,
a sabiendas de que tu corazón me tortura con desdén,
visten luto y se han transformado en plañideros amantes,
contemplando mi dolor con bella piedad.
Y verdaderamente, ni el matutino sol del cielo
adorna más las grises mejillas del Este,
ni esa gran estrella que oficia en el crepúsculo
confiere la mitad de gloria al sobrio Oeste,
que la armonía que esos dos ojos en pena aportan a tu rostro:
oh, considera entonces apropiado que tu corazón
pene por mí, dado que el sufrimiento te añade gracia,
y adopta la compasión en cada parte de ti.
Entonces juraré que la misma belleza es negra
y que horribles son todas las que carecen de tu aspecto.

martes, 13 de septiembre de 2011

Soneto CXXXI: tú no eres negra más que en tus actos

El tema se empieza a complicar: parece ser que la amada tiene un modo de proceder oscuro, a los ojos del poeta. También la define como tiránica. Sigue igualmente dándole vueltas al tema de que su belleza no es convencional.

                      Soneto CXXXI
Tú eres tan tiránica,  al actuar de esta manera,
como aquellas a cuya belleza vuelve orgullosamente crueles:
porque bien sabes que para mi querido corazón enamorado
tu eres la joya más preciada y hermosa.
Sin embargo, a decir verdad,  algunos al contemplarte comentan
que tu rostro no tiene el poder de hacer lamentarse al amor:
no seré yo tan audaz para afirmar que se equivocan,
aunque en mi fuero interno lo jure,
y  para asegurarme de no jurar en falso,
mil lamentos me afloran sólo con pensar en tu rostro.
Todos ellos, uno tras otro prestan testimonio
de que tu negrura es a mi juicio lo más bello.
Tú no eres negra más que en tus actos
y de allí, pienso yo, que procede la calumnia.