Este es quizá el soneto más religioso de Willliam Shakespeare, en el que trata la tradicional dicotomía alma-cuerpo desde una perspectiva que alude al derecho mercantil y al mercado inmobiliario.
Soneto CXLVI
Pobre alma, el centro de mi mundo pecador,
que alimentas esos poderes rebeldes que
encubres,
¿por qué languideces ahí adentro y padeces
hambruna
mientras pintas alegres tus paredes externas
a tan alto coste?
¿Por qué
inviertes un gasto tan elevado sobre tu mansión menguante
teniendo en cuenta el corto periodo de
alquiler?
¿Se comerán los gusanos, herederos de estos
excesos,
el motivo de tu cuidado? ¿Es éste el fin de
tu cuerpo?
En este caso, alma, has de vivir de la
pérdida de tu siervo,
de forma que ese dolor agrande tus activos;
compra valores divinos vendiendo horas de
escoria;
aliméntate por dentro, nunca más seas rica
por fuera:
de esta forma, te cebarás de la muerte, que
se ceba en los hombres,
y una vez muerto, ya no hay más muerte.
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