Penúltimo poema de la serie de la Dama Oscura en el que Shakespeare esboza un juego de reproches y autoreproches curioso.
Soneto CLI
Amor es
demasiado joven para saber qué es la conciencia,
y sin embargo,
¿quién ignora que la conciencia nace del amor?
Así que, tierna
embaucadora, no me eches en cara mi falta,
no sea que tu
dulce ser se demuestre culpable de mis mismas culpas:
porque, al
traicionarme tú, yo traiciono
a mi parte más
noble en beneficio de mi cuerpo prosaico;
mi mente da
permiso a mi cuerpo
para triunfar
en el amor; la carne no necesita más razones,
pues se enerva
al oír tu nombre y te señala
como galardón de
su triunfo. Orgullosa de esta victoria,
se contenta con
convertirse en tu pobre sierva,
manteniéndose
pendiente de tus asuntos, sirviendo a tu lado.
No es falta de
conciencia el que yo le llame amor
pues su deseado
amor es lo que me mueve.
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