Parece ser que la Dama Oscura tiene otros pretendientes a los que dedica atenciones y Shakespeare sufre por ello. Es un tema clásico entre los sonetos de la época, el de la crueldad de la mujer amada. Sin embargo, a mitad de poema introduce una variante al justificar de alguna manera el comportamiento de su amante.
Soneto CXXXIX
Oh, no me invoques para justificar la
injuria
que tu crueldad inflige en mi corazón;
no me hieras con tu mirada sino con tu
lengua:
utiliza todo tu poder y no me mates con
artificios,
dime que amas a otro; pero en mi presencia,
querido corazón, evita mirar hacia otro
lado:
¿Por qué tienes que herir con argucias,
cuando tu poder
es mayor que lo que mis debilitadas defensas
pueden soportar?
Déjame que te justifique: ah, mi amor bien
sabe
que su bella apariencia ha sido mi enemiga,
pero ahora aparta de mi rostro a mis
verdugos,
para que hacia otros puedan disparar su
daño:
sin embargo no lo hagas, puesto que dado que
me hallo moribundo,
remátame con tus miradas y acaba con mi
sufrimiento.
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