Este soneto puede ser una parodia de la costumbre literaria de la época de pintar a la amada con rasgos divinos. Shakespeare reconoce que la Dama Oscura no le atrae con ninguno de los sentidos y sin embargo afirma que está loco de amor por ella.
Soneto CXLI
Realmente, yo no te amo con mis ojos,
porque ellos mil defectos detectan en ti;
pero es mi corazón el que ama lo que ellos
desprecian,
el que, a pesar de dicha visión, gusta de
encandilarse contigo.
Tampoco mis oídos se entusiasman con la
melodía de tu voz,
ni mi tierno tacto recibe placer de tu
caricia,
ni el gusto, ni el olfato, desarrollan el
anhelo de ser invitados
a una ceremonia sensual contigo a solas:
pero ni mi inteligencia ni mis cinco
sentidos
pueden disuadir a un tonto corazón de que te
sirva,
aquel que deja incontrolada la apariencia de
hombre,
postrándome cual bajo vasallo de tu vanidoso
corazón:
tan solo considero mi lacra como una ventaja
al ver que aquella que me hace pecar es la
que me inflige el dolor.
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