El tema se vuelve farragoso. Parece ser que la Dama Oscura, además de a Shakespeare, también ha seducido al joven de los sonetos precedentes. El poeta le pide que le libere del tormento, dado que ya le tortura a él, y se queja de la triple pérdida: de su amada, de su amigo y de sí mismo, pues ella le ha robado el corazón.
Soneto CXXXIII
¡Maldito sea el
corazón que hace al mío quejarse
por esa
profunda herida que nos inflige a mi amigo y a mí!
¿No es
suficiente con torturarme solamente a mí,
que también
debe ser esclavizado mi dulce amigo?
Tu ojo cruel de
mí mismo me ha arrancado
y de mi ser más
próximo más duramente te has incautado:
de él, de mí
mismo y de ti he sido privado;
un tormento
triplicado que debo soportar.
Aprisiona mi
corazón bajo la guardia de tu pecho de acero
pero deja que
mi pobre corazón responda del de mi amigo;
quienquiera que
me encierre, deja que le defienda mi corazón;
no podrás
entonces ser severa con mi encierro:
y sin embargo
lo serás, porque al ser tu prisionero,
por fuerza soy
tuyo, y también todo lo que hay en mí.
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