miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soneto CXXXII: contemplando mi dolor con bella piedad

Shakespeare establece una comparación poética entre los ojos negros de la Dama Oscura y el luto que a su juicio expresan por compasión hacia él, y le pide al corazón de la amada que también se compadezca y no le torture. Es un tema recurrente en la literatura desde el siglo XIV con Dante y Petrarca.

                  Soneto CXXXII
Tus ojos amo, y ellos, como compadeciéndose de mí,
a sabiendas de que tu corazón me tortura con desdén,
visten luto y se han transformado en plañideros amantes,
contemplando mi dolor con bella piedad.
Y verdaderamente, ni el matutino sol del cielo
adorna más las grises mejillas del Este,
ni esa gran estrella que oficia en el crepúsculo
confiere la mitad de gloria al sobrio Oeste,
que la armonía que esos dos ojos en pena aportan a tu rostro:
oh, considera entonces apropiado que tu corazón
pene por mí, dado que el sufrimiento te añade gracia,
y adopta la compasión en cada parte de ti.
Entonces juraré que la misma belleza es negra
y que horribles son todas las que carecen de tu aspecto.

martes, 13 de septiembre de 2011

Soneto CXXXI: tú no eres negra más que en tus actos

El tema se empieza a complicar: parece ser que la amada tiene un modo de proceder oscuro, a los ojos del poeta. También la define como tiránica. Sigue igualmente dándole vueltas al tema de que su belleza no es convencional.

                      Soneto CXXXI
Tú eres tan tiránica,  al actuar de esta manera,
como aquellas a cuya belleza vuelve orgullosamente crueles:
porque bien sabes que para mi querido corazón enamorado
tu eres la joya más preciada y hermosa.
Sin embargo, a decir verdad,  algunos al contemplarte comentan
que tu rostro no tiene el poder de hacer lamentarse al amor:
no seré yo tan audaz para afirmar que se equivocan,
aunque en mi fuero interno lo jure,
y  para asegurarme de no jurar en falso,
mil lamentos me afloran sólo con pensar en tu rostro.
Todos ellos, uno tras otro prestan testimonio
de que tu negrura es a mi juicio lo más bello.
Tú no eres negra más que en tus actos
y de allí, pienso yo, que procede la calumnia. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Soneto CXXX: los ojos de mi dama no se parecen al sol

Shakespeare satiriza en este caso la costumbre de los poetas de la época de comparar a su amada con todas las cosas bellas bajo el sol. En los dos cuartetos parece que está describiendo a una mujer poco atractiva, pero en los tercetos lo endereza diciendo que adora escucharla. También se podría ver desde el punto de vista de una defensa de la diversidad estética, dado que su amada es morena a diferencia del tipo general de mujer británica.

                         Soneto CXXX
Los ojos de mi dama no se parecen al sol;
el coral es mucho más rojo que el rojo de sus labios:
si la nieve es blanca, sus pechos son oscuros;
si los cabellos fueran hebras, hebras negras crecen en su cabeza.
He visto rosas damasquinadas, rojas y blancas
pero no veo dichas rosas en sus mejillas;
y algunos perfumes son más agradables
que el aliento que mi dama exhala.
Adoro escucharla cuando habla, aunque bien sé
que la música tiene un sonido más placentero:
aseguro que nunca he visto a una diosa caminar,
mi señora, cuando camina, pisa el suelo:
y sin embargo, por el Cielo, considero a mi amor tan única
como cualquier mujer retratada con falsas comparaciones.  

viernes, 9 de septiembre de 2011

Soneto CXXIX: el cielo que conduce a los hombres a este infierno

Este soneto tiene como objeto la lujuria, aunque no sabemos si el poeta habla en primera persona de su experiencia o si por el contrario es un análisis distante del tema. Se podría resumir en el refrán que dice siempre mi amigo Nacho Morales: "Amor de puta y vino de frasco: por la noche gusta y por la mañana da asco".

                         Soneto CXXIX
El derroche de vitalidad en un páramo de ignominia
es la lujuria en acción, y hasta que alcanza su objetivo, la lujuria
es perjura, asesina, sangrienta, plena de culpa,
salvaje, extrema, ruda, cruel, no de fiar;
tan pronto como se ha gozado se odia;
perseguida más allá de la razón, y en cuanto se obtiene,
odiada más allá de la razón, como el cebo ingerido
puesto a propósito para enloquecer al que lo traga.
Enloqueciendo en la persecución y también en la posesión;
extrema después, durante y en la persecución;
la gloria cuando se prueba, y una vez probado, un auténtico dolor;
antes, una propuesta de gozo; después, un sueño.
Todo esto bien lo sabe todo el mundo; sin embargo nadie sabe
como evitar el cielo que conduce a los hombres a este infierno.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Soneto CXXVIII: yo envidio a esas teclas que ágiles saltan

Un motivo común en los sonetos de la época era el de expresar envidia hacia un objeto o prenda que está en contacto con la amada, deseando estar en su lugar. En este caso Shakespeare se refiere a un instrumento musical que está tocando la Dama Oscura.


                        Soneto CXXVIII
¡Cuán a menudo, cuando tú, mi música, música tocas
sobre esa bendita madera, que suena con el movimiento
de tus dulces dedos cuando suavemente meces
la vibrante armonía que se funde en mi oído,
yo envidio a esas teclas que ágiles saltan
para besar el tierno interior de tu mano,
mientras mis pobres labios que deberían esa cosecha recoger,
ante el atrevimiento de esas maderas se sonrojan junto a ti!
Para así ser tocados, cambiarían su estado
y situación por el de esas virutas
sobre las que tus dedos caminan con paso gentil,
siendo bendecida la madera muerta más que los labios vivos.
Dado que las impertinentes teclas tan felices son con esto,
dales a ellas tus dedos y dame a mí tus labios para besarlos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Soneto CXXVII: la Dama Oscura

Suenan los clarines y cambiamos de tercio: Skakespeare deja atrás al joven y comienza la serie de sonetos dedicada a la Dama Oscura (Dark Lady), que se extiende casi hasta el final de la colección. Esta dama es tan misteriosa como el joven, aunque los expertos presentan varias candidatas que resumo a continuación:

  • Mary Fitton, una dama de compañía de Isabel I (poco probable dado que Shakespeare no tenía la categoría social para tratar a cortesanas).
  • Emilia Bassano Lanier, la hija de un músico veneciano de la corte.
  • Lucy Morgan, abadesa de Clerkenwell y cortesana.
  • La mujer de John Davenant, vinatero en la Crown Tavern de Oxford, cuyo hijo William decía ser hijo ilegítimo de Shakespeare.
  • La mujer de John Florio, el secretario italiano del Earl of Southampton.
  • Un personaje de ficción creado para desplegar un alarde de técnica literaria.

En este primer poema el poeta se dedica a defender la belleza de la mujer morena, lo que nos hace pensar que la Dama Oscura debía ser una belleza de tipo mediterráneo que se salía de los cánones de estética de la corte inglesa de la época, más centrados en la palidez de tez, en los ojos claros y el cabello rubio o pelirrojo.


                  Soneto CXXVII
En la antigüedad lo negro no se consideraba bello,
y aunque lo fuera, no llevaba el nombre de la belleza,
pero ahora, lo negro de la belleza es heredero
y la belleza es difamada por una vergüenza bastarda:
pues desde que cada mano ha asumido el poder de la Naturaleza
de embellecer el alma con el falso rostro prestado del Arte,
la dulce belleza ha perdido su nombre y su sagrado emparrado,
habiendo sido profanada, si es que no vive en la ignominia.
Es por ello que los ojos de mi dama son negros como el cuervo,
sus ojos tan conjuntados que parece que guardan el luto
por esos que, no habiendo nacido hermosos, no carecen de belleza,
calumniando la creación con una falsa apariencia:
tanto lamento expresan asemejando su pena
que todas las lenguas dicen que así debería ser la belleza.

martes, 6 de septiembre de 2011

Soneto CXXVI: con tu poder detienes el espejo cambiante del Tiempo

Precioso este soneto de despedida del joven, que nos abandona envuelto en la misma bruma de misterio con la que llegó. Este poema cierra el ciclo dedicado al bello joven y parece una recapitulación de temas que Shakespeare ha abordado anteriormente, en concreto, la supervivencia de la belleza al paso del tiempo. Sin embargo, por primera vez introduce una variante: el aviso de que algún día finalmente esa belleza se verá marchitada. ¿Será un último consejo de despedida hacia su amante, de un hombre maduro a un joven? En cualquier caso es enternecedor el cariño y la tristeza que destila. 

Por cierto, es el único soneto que solamente tiene 12 versos en vez de los acostumbrados 14. Es sustitución de los dos últimos versos Shakespeare colocó unos enigmáticos paréntesis.

                Soneto CXXVI
Oh tú, mi querido niño, que con tu poder detienes
el espejo cambiante del Tiempo, la hora de su guadaña,
tú que menguando creces, mostrando con ello
el marchitarse de tus amantes, mientras crece tu dulce ser.
Si la Naturaleza, soberana señora de la ruina,
mientras avanzas continuamente te retiene,
de esta forma te preserva con el fin de que su habilidad
pueda frenar el tiempo y matar los miserables minutos.
¡Sin embargo témela, Oh siervo de su placer! 
Puede frenar el tiempo pero no retener su tesoro para siempre:
sus cuentas (aunque pospuestas) deben ser presentadas,
y el pago de su deuda es el entregarte.
(                                                      )
(                                                      )


lunes, 5 de septiembre de 2011

Soneto CXXV: acepta mi ofrenda pobre pero libre

Este poema cierra el ciclo de sonetos dedicados al joven puesto que el siguiente es ya la despedida. El tema sigue siendo el de los poemas precedentes, especialmente el 123, en los que Shakespeare defiende que el amor está por encima de todo, incluyendo las intrigas políticas. Introduce un nuevo personaje, el "informador sobornado", cuya identidad no está muy clara.


                Soneto CXXV
¿Me sirve de algo el sostener el palio
prestando honores con mi presencia,
o el sentar los grandes cimientos para la eternidad,
que demuestran ser más efímeros que todo lo pasajero?
¿Acaso no he visto inquilinos del favor y el protocolo
perder todo y más por pagar demasiada renta,
rechazar el sabor simple por una dulzura compuesta,
triunfadores dignos de lástima que se desgastan espiando a otros?
No, déjame ser dadivoso en tu corazón
y acepta mi ofrenda, pobre pero libre,
que no está mezclada con impurezas ni conoce el engaño,
sino sólo la entrega mutua, sólo yo para ti.
¡Largo, tú, informador sobornado! Un alma fiel
cuanto más es acusada más escapa a tu control.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Soneto CXXIV: si mi querido amor fuese solamente hijo del interés

El amor de Shakespeare por el joven es independiente de los embates del tiempo y de las intrigas políticas cortesanas.

                    Soneto CXXIV
Si mi querido amor fuese solamente hijo del interés
sería un hijo bastardo de Fortuna de padre desconocido,
y estaría sujeto al amor del Tiempo y al odio del Tiempo,
hierba entre hierbas y flor junto con flores.
No, su generación no fue un accidente,
no le afecta la pompa amable, ni cae
bajo los golpes del ostracismo impuesto por el poder
al que invita la moda de nuestros tiempos:
no teme a la política, esa hereje,
que trabaja sobre el préstamo de las horas escasas;
sino que se erige tan inmensamente independiente
que ni crece con el calor ni se ahoga con los aguaceros.
Para probar esto llamo a testificar a los locos del tiempo,
aquellos que, habiendo vivido en pecado, mueren en la bondad.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Soneto CXXIII: Tiempo, no podrás presumir de que yo he cambiado

El amor del poeta por el joven es tan fuerte que sobrevive al ataque del tiempo y a las vicisitudes políticas. Esto último puede hacer referencia a la coronación de Jacobo I en 1604, lo que nos permitiría fechar este soneto.

                   Soneto CXXIII
No, Tiempo, no podrás presumir de que yo he cambiado:
tus pirámides erigidas con poder renovado
no son para mí nada nuevo, nada extraño;
no son sino vestidos de una antigua visión.
Nuestro tiempo es breve y por ello admiramos
aquello que nos muestras y que es viejo,
y preferimos creerlo nacer a nuestro deseo
que pensar que hemos oído hablar de ello antes.
Te desafío a ti y a tus registros
y no me cuestiono ni el presente ni el pasado
porque tus registros y lo que vemos mienten,
ya que son exaltados o minimizados por tu veloz cadencia.
Esto prometo y esto es lo que siempre será:
seré fiel, a pesar de ti y de tu guadaña.