miércoles, 19 de enero de 2011

Soneto XXVII: el sueño inquieto

Shakespeare no puede dormir pensando en su amado y no encuentra descanso ni de día ni de noche. La ausencia del joven resulta insoportable para él. Un tema recurrente en la literatura de la época, como prueba el soneto 89 de "Astrophel and Stella" de Philip Sidney (1580): "Now that of absence the most irksome night/With darkest shade doth overcome my day;/Since Stella´s eyes won´t give me my day,/Leaving my hemisphere, leave me in night". En conclusión, que ni dormían de amor.

                         Soneto XXVII
Agotado por la fatiga me precipito hacia mi cama,
el añorado reposo para los miembros cansados del viaje;
pero entonces comienza otra expedición en mi cabeza,
que hace trabajar a mi mente, cuando el trabajo del cuerpo acabó:
porque entonces mis pensamientos (desde la lejanía en que me hallo)
inician un piadoso peregrinaje hacia ti,
y mantienen mis soñolientos párpados completamente abiertos,
escrutando aquella oscuridad que sólo ven los ciegos:
sin embargo la visión imaginaria de mi alma
muestra tu sombra a mi mirada invidente,
la cual, como una joya colgada en la noche horrible,
embellece la negra noche, y hace nuevo su viejo rostro.
¡Vaya! Durante el día mis miembros, y por la noche mi mente,
por ti, y por mí mismo, nunca encuentran descanso.

martes, 18 de enero de 2011

Soneto XXVI: mi andrajoso amor hacia ti

El XXVI es un soneto en donde el poeta se confiesa vasallo del joven y abiertamente indigno de él. Parece un ejemplo clásico del amor cortés.


                   Soneto XXVI
Señor de mi amor, a quien en relación de vasallaje
tu virtud ha atado fuertemente a mi deber,
a ti te envío esta embajada escrita,
como testimonio del deber, no para mostrar mi ingenio:
deber tan grande, que con un ingenio tan pobre como el mío
puede hacerla parecer vacía, al carecer de palabras para expresarla,
pero que espero que con buena inspiración por tu parte
en lo profundo de tu alma, aún desnuda, podrás guardarla;
hasta que cualquiera que sea la estrella que guía mi destino
se oriente graciosamente hacia mí en conjunción favorable,
y vista de gala mi andrajoso amor hacia ti,
para presentarme digno de tu dulce atención:
entonces osaré presumir de cómo te amo;
hasta entonces, no asomaré allí donde puedas ponerme a prueba.

lunes, 17 de enero de 2011

Soneto XXV: frente a la gloria efímera

El soneto que nos ocupa habla de la gloria y de lo fácil que es perderla, pero Shakespeare no necesita nada de eso porque ya tiene a su amor. Dicen los comentaristas que el guerrero al que hace alusión podría ser un personaje histórico de la época, en concreto, Sir Francis Drake (muerto en 1596), el Earl of Essex (decapitado en 1601) o Sir Walter Raleigh (que cayó en desgracia en 1602).




                             Soneto XXV
Dejad que aquellos que reciben el favor de sus astros
presuman del honor público y de orgullosos títulos,
mientras que yo, al que la fortuna priva de semejante gloria,
desapercibido me solazo en lo que más valoro.
Los favoritos de los grandes señores despliegan sus bellos pétalos
pero lo hacen como la caléndula ante los ojos del sol;
y en su interior yace enterrado su orgullo,
porque ante un ceño señorial muere toda su gloria.
El guerrero herido, de famoso batallar,
después de mil victorias, una vez lacerado,
es borrado completamente del libro del honor,
y todos los demás olvidan por qué luchó:
sea entonces yo feliz, que amo y soy amado,
estando donde no me puedo ir ni de donde me pueden quitar.

jueves, 13 de enero de 2011

Soneto XXIV: jugando a ser pintor

Este blog, como podéis imaginar, no tiene un exceso de visitas; me recuerda al chiste ese que se encuentran dos amigos y uno le dice al otro: "Por cierto, compré tu libro", y dice el otro, "Ah, ¿fuiste tú?". Tampoco es algo que me inquiete (aunque todos esperamos ser lo más leídos posible).

El caso es que en los cursos sobre cómo hablar en público que tanto abundan (presentaciones eficaces),  te dicen que el ponente siempre tiene un "amigo" entre el público, es decir, alguien que está de su parte, que le sonríe y le anima con la mirada. Dicen también que te debes apoyar en dichos "amigos" y dirigirte a ellos directamente con la mirada y en suma, tratarles bien.

En los blogs ocurre lo mismo, por pocas visitas que tengas siempre hay una persona que te sigue y que te alienta, que comenta y que muestra su interés. En el caso de LOS AMORES DE WILL siempre he tenido de mi lado a mi amiga María, que es mi amiga mucho antes de Facebook, de los blogs, de Internet e incluso de los PCs. Y además, participa, que es lo que mola.

El caso es que María me ha hecho un comentario en Facebook que me ha dado una visión nueva de los sonetos de Shakespeare: que son un culebrón, en el buen sentido de la palabra, o sea que es una historia o trama que engancha. Nunca lo había visto así, pero tiene razón. A lo largo de los 154 sonetos vamos viendo la evolución de las relaciones de Will, primero con el joven y luego con la Dama Oscura, con sus cambios de humor, separaciones, desvelos, terceras personas implicadas, rendiciones, redenciones... En fin, que no son una serie de piezas inconexas sino que conforman una historia, que además, engancha. Gracias María.

El Soneto XXIV versa sobre pintura y pintores, el grado de intimidad con el joven crece sobremanera y las declaraciones de amor son decididamente abiertas. Francamente, me cuesta creer que sea un ejercicio de estilo o un alarde de técnica poética: creo que estaba verdaderamente colado por el bello efebo.

                Soneto XXIV
Mi ojo juega a ser pintor, y ha plasmado
una imagen de tu belleza en el lienzo de mi corazón:
mi cuerpo es el marco que lo alberga,
y la perspectiva le impone la mejor técnica pictórica;
porque a través del pintor se aprecia la habilidad,
para descubrir dónde reside tu verdadera imagen,
la que en el estudio de mi pecho cuelga para siempre,
y las ventanas del mismo se iluminan con tus ojos.
Mira ahora el favor qué se han hecho nuestros ojos:
mis ojos han dibujado tu silueta, y los tuyos para mí
son ventanas en mi pecho, a través de las cuales el sol
se solaza asomándose, para de esta manera contemplarte;
y sin embargo los ojos no pueden embellecer su obra,
sólo dibujan lo que ven, no conocen el corazón.

miércoles, 12 de enero de 2011

Soneto XXIII: como un torpe actor

El poeta, que ya ha hecho una manifestación abierta de su amor por el joven, intenta justificar porque a veces no sabe expresar su pasión en presencia de su amado. Shakespeare se compara con un actor torpe que olvida su papel o con una bestia cuyo exceso de fiereza le hace perder agresividad. La solución es que su (suponemos) amante extraiga los sentimientos del poeta de sus textos, de forma que ellos hablen por él ("let my books be then the eloquence").




                 Soneto XXIII
Como un actor torpe sobre el escenario,
que atemorizado se olvida de su parte,
o alguna bestia salvaje repleta en exceso de rabia,
cuyo abundancia de fuerza debilita su corazón;
así yo, abrumado por tu confianza, me olvido de interpretar
la ceremonia perfecta del rito del amor,
y la fuerza del amor parece decaer en mí,
sobrecargada con el lastre del propio poder de mi amor.
Oh, dejad por tanto que mis libros sean la elocuencia
y los mudos profetas del discurso de mi pecho,
que implora amor, y busca una recompensa,
más que esa lengua que ha expresado demasiado.
Oh, aprende a leer lo que el silencioso amor ha escrito:
escuchar con los ojos pertenece al sutil ingenio del amor.




martes, 11 de enero de 2011

Soneto XXII: el tiempo, la muerte y el amor

A la altura de este Soneto XXII, Shakespeare ya realiza declaraciones de amor de lo más abiertas al joven, estableciendo que sus corazones están unidos y que envejecerán juntos.

                                    Soneto XXII
Mi espejo no me convencerá de que soy viejo,
mientras la juventud y tú compartáis la misma edad;
pero cuando contemple los surcos del tiempo en ti,
entonces preveo que la muerte acabará mis días.
Porque toda esa belleza que te cubre
no es sino el justo adorno de mi corazón,
que vive en tu pecho, como el tuyo vive en mí:
¿cómo puedo entonces ser mayor que tú?
Oh, por consiguiente, amor, cuídate mucho
como yo haré, no por mí, sino por ti,
albergando tu corazón, que guardaré con celo
como una tierna comadrona guarda a su bebe del mal.
No creas que tu corazón sobrevivirá al mío:
me diste el tuyo para ya nunca devolvértelo.

lunes, 10 de enero de 2011

Soneto XXI: no pregono a mi amor

En este soneto comienza Shakespeare a razonar que no merece la pena "vender", con un exceso de alabanzas y comparaciones a su amado; no desea vocear sus virtudes como haría un tendero. Este poema parece una crítica a otros poetas que se exceden en la alabanza de sus objetos de deseo.

                                   Soneto XXI
No me veo inspirado por el influjo de la Musa,
del que escribe su verso movido por artificios,
utilizando el cielo como motivo ornamental,
comparando cada cosa bella con la propia belleza que ensalza,
y acoplando símiles en orgulloso parangón,
con el sol y la luna, con las ricas gemas de la tierra y el mar,
con las primeras flores de abril, y todas las cosas preciosas
que el aire divino en su redondez engloba.
Oh, dejadme, con amor sincero, sinceramente escribir,
y luego creedme, mi amor es tan bello
como cualquier hijo de vecina, aunque no tan brillante
como esas llamas doradas fijas en el aire celeste:
dejadles que sigan adelante con sus habladurías;
no proferiré alabanzas, puesto que no pretendo venderle.

sábado, 8 de enero de 2011

Soneto XX: tierno corazón de mujer

El soneto isabelino tuvo su máxima época de esplendor en Inglaterra de 1591 a 1597, enganchando a Shakespeare en dicha tendecia en 1593, año en que comienza a componer la serie. Como curiosidad resumo a continuación la lista de sus principales "competidores" en el arte de componer sonetos, tal y como los describe el experto Sidney Lee en su obra "A Life of William Shakespeare" (Londres, 1898):
  • Sir Thomas Wyat, "Songs and Sonnetes" (1557).
  • Thomas Watson, "Century of Love" (1582)
  • Sir Philip Sidney, "Astrophel and Stella" (1591)
  • Samuel Daniel, "Delia" (1592)
  • Henry Constable, "Diana, the Praises of his Mistres in certaine sweete Sonnets" (1592)
  • Barnabe Barnes, "Parthenophil and Parthenophe: Sonnets, Madrigals, Elegies and Odes" (1593)
  • Thomas Watson, "The Tears of Fancie, or Love Disdained" (1593)
  • Thomas Lodge, "Phillis Honoured with Pastoral Sonnets, Elegies and Amorous Delights" (1593)
  • Michael Drayton, "Ideas, Mirrour, Amours in Quatorzains" (1594)
  • William Percy, "Sonnets to the fairest Coelia" (1594)
  • Richard Barnfield, "Cynthia" (1595)
  • Edmund Spenser, "Amoretti" (1595)
  • Sir John Davies, "Gullinge Sonnets" (1595)
  • Richard Linche, "Diella" (1596)
  • Bartholomew Griffin, "Fidessa" (1596)
  • William Smith, "Chloris" (1596)
  • Robert Tofte, "Laura, the Joys of a Traveller, or the Feast of Fancy" (1597)
  • Sir William Alexander, "Aurora" (1597)
  • Sir Fulke Greville, "Caelica" (1597)
 El Soneto XX parece ser un ejercicio de criptografía, a juicio de los estudiosos, en torno a la identidad del amado del poeta. En el poema Shakespeare se lamenta de que la naturaleza haya creado al joven hombre, cuando a su juicio debería haber sido una mujer dada su belleza, privándole de él. Presenta unas connotaciones sexuales que más adelante en la colección se verán acentuadas. Además hay una alusión al mito de Pigmalión y Galatea que se me había pasado ("Till Nature, as she wrought thee, fell a-doting").

                                            Soneto XX
Un rostro de mujer, pintado por la mano de la Naturaleza,
tienes tú, el señor-señora de mi sufrimiento;
un tierno corazón de mujer, que no conoce
la volubilidad, a diferencia de los falsos usos femeninos;
un ojo más brillante que el de ellas, que no gira tan falsamente,
y que cubre de oro el objeto al que contempla;
un hombre en apariencia, dueño de todas las miradas,
que roba los ojos de los hombres, y asombra las almas femeninas;
y como mujer fuiste creado primeramente,
hasta que la Naturaleza, al cincelarte empezó a adorarte,
al hacerte como yo, me privó de ti,
al añadirte un rasgo que no me aporta nada.
Pero como te dio un órgano para el placer de las mujeres,
sea mío tu amor, y el uso de tu amor tesoro de ellas.

miércoles, 5 de enero de 2011

Soneto XIX: el Tiempo destructor

El poeta sigue obsesionado con el paso del tiempo, al que personifica de nuevo, y su efecto destructor sobre las cosas, las bestias y las personas. Llega a ordenarle que no ataque a su joven amante, aunque en los dos últimos versos reconoce, como en el soneto anterior, que le da igual porque su belleza vivirá para siempre en los versos de Shakespeare. Es importante que ya aparece una declaración abierta de amor -como se intuía en los sonetos 10, 13 y 15-, aunque en éste se hace más evidente ("My love shall in my verse live young").

                                    Soneto XIX

           Tiempo voraz, desafilas las garras del león,
y llevas a la tierra a devorar a su progenie;
arrancas los afilados dientes de la mandíbula del fiero tigre,
y abrasas al longevo fénix en su propia sangre;
creas alegres y tristes estaciones a tu paso,
y siempre haces tu voluntad, Tiempo de pies ligeros,
con el ancho mundo, y con sus marchitantes cosas bellas;
Pero te prohíbo el más espantoso crimen:
oh, no talles con tus horas el hermoso semblante de mi amor,
ni traces líneas en él con tu vetusta pluma;
permite que tu curso le mantenga inmaculado
como un canon de belleza para los hombres venideros.
Y sin embargo, haz lo peor, viejo Tiempo: a pesar de tu daño,
mi amor vivirá para siempre joven en mis versos.  

domingo, 2 de enero de 2011

Soneto XVIII: como un día de verano

Éste es uno de mis preferidos y creo que es de los más conocidos. Shakespeare compara el joven con un día de verano y decide que tiene muchas más virtudes que el estío. Igualmente, el poeta muestra una vanidad absoluta al afirmar que sus versos serán eternos.

                                 Soneto XVIII

¿Debería compararte con un día de verano?
Tú eres más adorable y más templado.
Bruscos vientos agitan los adorables capullos de mayo,
y la hegemonía del verano pronto finaliza.
A veces el ojo del cielo brilla en extremo caluroso
y en ocasiones su áurea complexión se ve disminuida,
y toda la belleza de la belleza alguna vez decae,
por casualidad, o por el curso cambiante de la naturaleza, sin esplendor:
pero tu eterno verano no desaparecerá
ni perderá el dominio de la belleza que posees,
ni la muerte presumirá que deambulas a su sombra,
cuando, en renglones eternos, crezcas en el tiempo.
Mientras los hombres respiren y los ojos vean,
mientras viva este poema y te dé la vida.