lunes, 10 de enero de 2011

Soneto XXI: no pregono a mi amor

En este soneto comienza Shakespeare a razonar que no merece la pena "vender", con un exceso de alabanzas y comparaciones a su amado; no desea vocear sus virtudes como haría un tendero. Este poema parece una crítica a otros poetas que se exceden en la alabanza de sus objetos de deseo.

                                   Soneto XXI
No me veo inspirado por el influjo de la Musa,
del que escribe su verso movido por artificios,
utilizando el cielo como motivo ornamental,
comparando cada cosa bella con la propia belleza que ensalza,
y acoplando símiles en orgulloso parangón,
con el sol y la luna, con las ricas gemas de la tierra y el mar,
con las primeras flores de abril, y todas las cosas preciosas
que el aire divino en su redondez engloba.
Oh, dejadme, con amor sincero, sinceramente escribir,
y luego creedme, mi amor es tan bello
como cualquier hijo de vecina, aunque no tan brillante
como esas llamas doradas fijas en el aire celeste:
dejadles que sigan adelante con sus habladurías;
no proferiré alabanzas, puesto que no pretendo venderle.

sábado, 8 de enero de 2011

Soneto XX: tierno corazón de mujer

El soneto isabelino tuvo su máxima época de esplendor en Inglaterra de 1591 a 1597, enganchando a Shakespeare en dicha tendecia en 1593, año en que comienza a componer la serie. Como curiosidad resumo a continuación la lista de sus principales "competidores" en el arte de componer sonetos, tal y como los describe el experto Sidney Lee en su obra "A Life of William Shakespeare" (Londres, 1898):
  • Sir Thomas Wyat, "Songs and Sonnetes" (1557).
  • Thomas Watson, "Century of Love" (1582)
  • Sir Philip Sidney, "Astrophel and Stella" (1591)
  • Samuel Daniel, "Delia" (1592)
  • Henry Constable, "Diana, the Praises of his Mistres in certaine sweete Sonnets" (1592)
  • Barnabe Barnes, "Parthenophil and Parthenophe: Sonnets, Madrigals, Elegies and Odes" (1593)
  • Thomas Watson, "The Tears of Fancie, or Love Disdained" (1593)
  • Thomas Lodge, "Phillis Honoured with Pastoral Sonnets, Elegies and Amorous Delights" (1593)
  • Michael Drayton, "Ideas, Mirrour, Amours in Quatorzains" (1594)
  • William Percy, "Sonnets to the fairest Coelia" (1594)
  • Richard Barnfield, "Cynthia" (1595)
  • Edmund Spenser, "Amoretti" (1595)
  • Sir John Davies, "Gullinge Sonnets" (1595)
  • Richard Linche, "Diella" (1596)
  • Bartholomew Griffin, "Fidessa" (1596)
  • William Smith, "Chloris" (1596)
  • Robert Tofte, "Laura, the Joys of a Traveller, or the Feast of Fancy" (1597)
  • Sir William Alexander, "Aurora" (1597)
  • Sir Fulke Greville, "Caelica" (1597)
 El Soneto XX parece ser un ejercicio de criptografía, a juicio de los estudiosos, en torno a la identidad del amado del poeta. En el poema Shakespeare se lamenta de que la naturaleza haya creado al joven hombre, cuando a su juicio debería haber sido una mujer dada su belleza, privándole de él. Presenta unas connotaciones sexuales que más adelante en la colección se verán acentuadas. Además hay una alusión al mito de Pigmalión y Galatea que se me había pasado ("Till Nature, as she wrought thee, fell a-doting").

                                            Soneto XX
Un rostro de mujer, pintado por la mano de la Naturaleza,
tienes tú, el señor-señora de mi sufrimiento;
un tierno corazón de mujer, que no conoce
la volubilidad, a diferencia de los falsos usos femeninos;
un ojo más brillante que el de ellas, que no gira tan falsamente,
y que cubre de oro el objeto al que contempla;
un hombre en apariencia, dueño de todas las miradas,
que roba los ojos de los hombres, y asombra las almas femeninas;
y como mujer fuiste creado primeramente,
hasta que la Naturaleza, al cincelarte empezó a adorarte,
al hacerte como yo, me privó de ti,
al añadirte un rasgo que no me aporta nada.
Pero como te dio un órgano para el placer de las mujeres,
sea mío tu amor, y el uso de tu amor tesoro de ellas.

miércoles, 5 de enero de 2011

Soneto XIX: el Tiempo destructor

El poeta sigue obsesionado con el paso del tiempo, al que personifica de nuevo, y su efecto destructor sobre las cosas, las bestias y las personas. Llega a ordenarle que no ataque a su joven amante, aunque en los dos últimos versos reconoce, como en el soneto anterior, que le da igual porque su belleza vivirá para siempre en los versos de Shakespeare. Es importante que ya aparece una declaración abierta de amor -como se intuía en los sonetos 10, 13 y 15-, aunque en éste se hace más evidente ("My love shall in my verse live young").

                                    Soneto XIX

           Tiempo voraz, desafilas las garras del león,
y llevas a la tierra a devorar a su progenie;
arrancas los afilados dientes de la mandíbula del fiero tigre,
y abrasas al longevo fénix en su propia sangre;
creas alegres y tristes estaciones a tu paso,
y siempre haces tu voluntad, Tiempo de pies ligeros,
con el ancho mundo, y con sus marchitantes cosas bellas;
Pero te prohíbo el más espantoso crimen:
oh, no talles con tus horas el hermoso semblante de mi amor,
ni traces líneas en él con tu vetusta pluma;
permite que tu curso le mantenga inmaculado
como un canon de belleza para los hombres venideros.
Y sin embargo, haz lo peor, viejo Tiempo: a pesar de tu daño,
mi amor vivirá para siempre joven en mis versos.  

domingo, 2 de enero de 2011

Soneto XVIII: como un día de verano

Éste es uno de mis preferidos y creo que es de los más conocidos. Shakespeare compara el joven con un día de verano y decide que tiene muchas más virtudes que el estío. Igualmente, el poeta muestra una vanidad absoluta al afirmar que sus versos serán eternos.

                                 Soneto XVIII

¿Debería compararte con un día de verano?
Tú eres más adorable y más templado.
Bruscos vientos agitan los adorables capullos de mayo,
y la hegemonía del verano pronto finaliza.
A veces el ojo del cielo brilla en extremo caluroso
y en ocasiones su áurea complexión se ve disminuida,
y toda la belleza de la belleza alguna vez decae,
por casualidad, o por el curso cambiante de la naturaleza, sin esplendor:
pero tu eterno verano no desaparecerá
ni perderá el dominio de la belleza que posees,
ni la muerte presumirá que deambulas a su sombra,
cuando, en renglones eternos, crezcas en el tiempo.
Mientras los hombres respiren y los ojos vean,
mientras viva este poema y te dé la vida. 

jueves, 30 de diciembre de 2010

Soneto XVII: los versos mienten

Cerramos el año con el último soneto sobre la necesidad de procreación. El poeta le dice al joven que si no tiene hijos que den fe de su belleza, nadie en el futuro creerá las descripciones que de la misma hacen los sonetos, pues lo considerarán una exageración del autor.

Feliz año nuevo a los cuatro o cinco que leeis este blog. :-)

                                    Soneto XVII

¿Quién creerá mis versos en tiempos venideros,
aun si plasmasen tus más altas cualidades?
Aunque, el Cielo lo sabe, no son más que una tumba
que oculta tu vida, y no muestra ni la mitad de tus partes.
Si pudiese describir la belleza de tus ojos,
y en frescos versos enumerar todas tus gracias,
en épocas futuras dirían, “Este poeta miente;
pinceladas tan divinas jamás dibujaron rostros terrenales”.
Así mis papeles, amarillentos por su edad,
serán objeto de burla, como los viejos charlatanes,
y tu fiel reconocimiento tachado de locura de poeta,
y el verso exagerado de un cántico arcaico:
pero si viviese algún retoño tuyo entonces,
vivirías dos veces, en él y en mis rimas. 

 

martes, 28 de diciembre de 2010

Soneto XVI: el verso no es suficiente

Unido temáticamente al inmediatamente anterior, este soneto ahora pone en duda que los versos del poeta , por  insuficientemente descriptivos, puedan inmortalizar la belleza del joven ("Which this, Time's pencil, or my pupil pen,/Neither in inward worth nor outward fair,/Can make you live your self in eyes of men"), algo que daba por supuesto en el soneto XV. En cualquier caso,los expertos están de acuerdo en que son unos versos muy confusos, difíciles de interpretar. Por supuesto, Shakespeare vuelve una vez más a insistir en el tema de la descendencia, la única forma de que la belleza del joven sobreviva al paso del tiempo.
                              
                                    
                                      Soneto XVI
¿Pero por qué de forma más poderosa
no combates a este sangriento tirano, el Tiempo,
y te fortificas en tu decadencia
con medios más eficaces que mi rima estéril?
Ahora te eriges sobre horas felices,
y múltiples jardines de doncellas, aún sin sembrar,
con virtuoso deseo albergarían tus flores de la vida,
como las más fieles imágenes de ti:
así las líneas de la vida esa vida repararían,
mientras que los versos, por lápiz del Tiempo o de aprendiz,
ni en la virtud interior, ni en la belleza exterior,
pueden recrearte a los ojos de los hombres.
El entregarte en matrimonio te perpetuará,
y vivirás, dibujado por tu dulce habilidad.




lunes, 27 de diciembre de 2010

Soneto XV: inmortal a través del verso

En este soneto Shakespeare introduce por primera vez un tema que será recurrente en el ciclo: a través de los versos del poeta el joven será inmortal a pesar del pasó del tiempo y la decadencia pues siempre vivirá joven retratado en el soneto ("mientras él te vacía de savia yo te injerto de nuevo") Esta afirmación representa un gran ejercicio de vanidad por parte de William Shakespeare dado que supone (y no se equivocó) que sus poemas pasarán a la historia de la literatura, siendo recordados siglo tras siglo. Su actitud nos podría llevar a suponer que toda esta colección de sonetos no es más que un ejercicio de técnica con la pluma sin relación con un amor real (ver la pestaña "Acerca de los sonetos").

Por lo demás, en este caso equipara la vida humana con la vegetal, en cuanto a que ambas sufren el marchitar en la decadencia, e introduce el recurso de la literatura clásica de la personificación del Tiempo.

                                Soneto XV
Cuando considero que todo lo que crece
únicamente mantiene la perfección un breve instante;
que este inmenso escenario tan sólo representa farsas,
sobre las que las estrellas ejercen su secreta influencia;
cuando veo que los hombres se reproducen como las plantas,
e incluso son animados y castigados por el mismo cielo,
con savia joven se jactan, para luego marchitarse en un punto,
y enterrar en el olvido su momento de esplendor;
entonces el concebir esta efímera estancia en el mundo
te enriquece en tu juventud ante mis ojos,
mientras el Tiempo manirroto discute con la Decadencia,
para transformar tus días de juventud en tiznada noche;
y, todos luchamos contra con el Tiempo, por amor a ti,
y mientras él te vacía de savia, yo te injerto de nuevo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Soneto XIV: ojos como estrellas fijas

Llevamos ya catorce sonetos hablando de este noble joven y va siendo hora de preguntarse quién pudo ser esta persona por la que bebía los vientos el amigo Will. Atendiendo a la opinión de Peter Ackroyd (Shakespeare. The Biography), un candidato pudo ser el Earl of Southampton (un earl es un título nobiliario sin equivalente en España). Parece ser que este mancebo se negó a casarse con Lady Elizabeth de Vere lo que justificaría el empeño de Shakespeare por convencerle de que lo hiciera. Sin embargo, todo este sainete ocurrió en 1591, una fecha demasiado temprana, dado que los sonetos los comenzó a escribir en 1595.

Otro posible candidato podría ser William Herbert, el futuro Earl of Pembroke, que en 1595, cuando contaba con la edad de quince años renunció a tomar en matrimonio a la hija de Sir George Carey. Otra prueba que avala esta hipótesis, aparte de la concordancia cronológica con la redacción de los sonetos, es que el padre de William Herbert era el patrón o mecenas de la compañía a la que pertenecía William Shakespeare en esa época, y podía haber instado al dramaturgo a que ejerciese "persuasión poética".

El soneto XIV introduce el tema de la videncia: Shakespeare puede predecir el futuro del joven, no a través de la astrología convencional, sino leyéndolo en sus ojos que son como "estrellas fijas" (antiguamente se designaba como estrella fija a todo cuerpo celeste que no mostraba un movimiento aparente, como el que realizan el sol, la luna y los planetas).


                              Soneto XIV


No extraigo mi juicio de las estrellas,
y sin embargo, considero que tengo videncia,
pero no para predecir la buena o mala suerte,
las plagas, hambrunas o  bondad de las estaciones;
tampoco puedo predecir la fortuna para cada minuto,
señalando a cada cual su trueno, lluvia y viento;
o decirle a los príncipes cómo irá su gobierno,
mediante predicciones halladas en el cielo:
sin embargo de tus ojos deduzco mis conocimientos,
y, como estrellas fijas, de ellos obtengo dicho arte,
y así la verdad y la belleza crecerán juntas,
si te decides finalmente a procrear;
en caso contrario puedo pronosticarte esto,
tu fin es la muerte y destrucción de la verdad y la belleza.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Soneto XIII: querido amor...

Si en el Soneto X ya había una declaración velada de amor al hermoso joven,;en éste se hace evidente y abierta ( "dear, my love"). ¿Era Shakespeare bisexual (porque también seguía yendo a Stratford una vez al año a tener relaciones con su mujer, Anne - y cada vez que iba la dejaba preñada), o es mero ejercicio de estilo y superioridad con la versificación (ver las notas de la pestaña "Acerca de los sonetos")? Interesante dilema.

                  Soneto XIII
¡Oh, si fueras siempre así! Pero, amor,
no te perteneces, en tanto que tu ser vive aquí:
deberías prepararte para el próximo fin,
y entregar tu dulce semblante a otro:
de forma que la belleza que se te ha arrendado
nunca expire; entonces serías
tú de nuevo, después de tu desaparición,
cuando tu dulce descendencia porte tus dulces rasgos.
¿Quién deja tan hermosa casa hundirse,
cuando un matrimonio honorable la sostendría,
frente a las rachas ventosas del día invernal,
y la rabia estéril del eterno frío de la muerte?
Oh, nadie sino los perdidos. Querido amor, sabes,
tuviste un padre: permite a tu hijo decir lo mismo. 

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Soneto XII: el reloj y la guadaña

Este soneto, en su versión original, tiene una cadencia lenta y especial, que parece reproducir el tic-tac del reloj y la llegada de un fin desastroso e inevitable. Los versos finales suponen una rebelión contra la muerte, el fin inexorable, y establecen una posible salida a través de la descendencia.

                                 Soneto XII
Cuando cuento el tiempo que da el reloj,
y veo el gallardo día hundirse en la aciaga noche;
cuando contemplo el violeta pasado glorioso,
y los rizos oscuros platearse de blanco;
cuando los altivos árboles veo  estériles de hojas,
que antaño del calor protegían a los rebaños,
y la verde mies del estío en haces atada,
llevada en un carro con blanca y seca barba;
entonces tu belleza pongo en cuestión,
pues tendrás que irte con los residuos del tiempo,
dado que hasta las cosas dulces y bellas desaparecen,
y mueren al ritmo al que contemplan crecer a otras;
y contra la guadaña del Tiempo no hay defensa posible,
excepto la crianza, que le desafiará, cuando te lleve.