viernes, 30 de septiembre de 2011

Soneto CXLIII: así corres tú tras aquello que se aleja de ti

Sigue el tema del soneto anterior. Ella se aleja en pos de otros objetivos amorosos y él la persigue desde la distancia. Curiosa imagen de la madre que deja a su hijo en el suelo para perseguir a una gallina.

               Soneto CXLIII
Mira, tal y como una madre corre para coger

a una de sus emplumadas criaturas que se ha escapado,
deposita en el suelo a su retoño, y rápidamente parte
en persecución de aquello que no debía haberse ido,
mientras que su hijo rechazado la sigue a la carrera
y ella grita para alcanzar el objeto de su responsabilidad,
siguiendo aquello que desaparece delante de sus narices,
sin valorar el disgusto de su pobre infante,
así corres tú tras aquello que se aleja de ti,
mientras que yo, tu retoño, te sigo de lejos;
pero si alcanzas tus esperanzas, vuelve a mí,
e interpreta tu papel de madre, bésame, se considerada;
así, rezaré para que consigas tu deseo
siempre que vuelvas y aplaques mi sonoro llanto.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Soneto CXLII: el amor es mi pecado

El poeta le pide a su amada que troque el desprecio hacia él por compasión, y aunque reconoce infidelidades hacia ella, también afirma que la Dama Oscura ha cometido adulterio. La compasión tradicionalmente abarca un extenso rango de actos y emociones, desde la simpatía y la disposición a escuchar, hasta un beso e incluso la realización del acto sexual, que nos da que es lo que persigue el autor. Así están las cosas en el culebrón de Will.

                         Soneto CXLII
El amor es mi pecado, y el motivo del odio de tu preciosa virtud,
odio hacia mi pecado, cimentado sobre amores pecaminosos:
oh, pero compara mi situación con la tuya
y descubrirás que no merece reproche,
o, si lo merece, no precisamente procedente de tus labios,
que han profanado sus ornamentos escarlata
y que han sellado falsos lazos de amor tanto como los míos,
robando las rentas de las camas de otros.
Si es lícito que yo te ame, tal y como tu amas
a aquellos a los que tus ojos seducen como los míos a ti importunan,
siembra entonces compasión en tu corazón, de forma que,
cuando crezca, tu compasión merezca ser compadecida.
Si buscar obtener lo que tú escondes a los demás,
por tu propio ejemplo, te será denegado. 


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soneto CXLI: yo no te amo con mis ojos

Este soneto puede ser una parodia de la costumbre literaria de la época de pintar a la amada con rasgos divinos. Shakespeare reconoce que la Dama Oscura no le atrae con ninguno de los sentidos y sin embargo afirma que está loco de amor por ella. 


             Soneto CXLI
Realmente, yo no te amo con mis ojos,
porque ellos mil defectos detectan en ti;
pero es mi corazón el que ama lo que ellos desprecian,
el que, a pesar de dicha visión, gusta de encandilarse contigo.
Tampoco mis oídos se entusiasman con la melodía de tu voz,
ni mi tierno tacto recibe placer de tu caricia,
ni el gusto, ni el olfato, desarrollan el anhelo de ser invitados
a una ceremonia sensual contigo a solas:
pero ni mi inteligencia ni mis cinco sentidos
pueden disuadir a un tonto corazón de que te sirva,
aquel que deja incontrolada la apariencia de hombre,
postrándome cual bajo vasallo de tu vanidoso corazón:
tan solo considero mi lacra como una ventaja
al ver que aquella que me hace pecar es la que me inflige el dolor.

martes, 27 de septiembre de 2011

Soneto CXL: sé tan sabia como eres cruel

Un soneto pleno de pasion y sentimientos encontrados. Él sabe que ella le engaña, pero está enamorado y le pide que finja que le ama aunque sea mentira.


                 Soneto CXL
Sé tan sabia como eres cruel; no presiones
a mi paciencia amordazada con demasiado desden,
no sea que el dolor me preste palabras y que éstas expresen
la naturaleza de mi pena ansiosa de compasión.
Si pudiese transmitirte conocimiento, sería mejor,
que aunque no me amas, amor, me dijeses que sí,
como los hombres iracundos, que cuando su muerte esta cercana
solamente quieren recibir noticias de mejoría de sus doctores,
porque si caigo en la desesperación me volveré loco,
y mi locura me puede llevar a hablar mal de ti,
ahora que este mundo retorcido se ha vuelto tan pernicioso
que los locos calumniadores pueden ser creídos por los oídos locos.
Para que yo no enloquezca, ni tú resultes calumniada,
mantén tu vista fija en mí aunque tu orgulloso corazón se descarríe.


lunes, 26 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIX: aparta de mi rostro a mis verdugos

Parece ser que la Dama Oscura tiene otros pretendientes a los que dedica atenciones y Shakespeare sufre por ello. Es un tema clásico entre los sonetos de la época, el de la crueldad de la mujer amada. Sin embargo, a mitad de poema introduce una variante al justificar de alguna manera el comportamiento de su amante.

                Soneto CXXXIX
Oh, no me invoques para justificar la injuria
que tu crueldad inflige en mi corazón;
no me hieras con tu mirada sino con tu lengua:
utiliza todo tu poder y no me mates con artificios,
dime que amas a otro; pero en mi presencia,
querido corazón, evita mirar hacia otro lado:
¿Por qué tienes que herir con argucias, cuando tu poder
es mayor que lo que mis debilitadas defensas pueden soportar?
Déjame que te justifique: ah, mi amor bien sabe
que su bella apariencia ha sido mi enemiga,
pero ahora aparta de mi rostro a mis verdugos,
para que hacia otros puedan disparar su daño:
sin embargo no lo hagas, puesto que dado que me hallo moribundo,
remátame con tus miradas y acaba con mi sufrimiento.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVIII: vanamente creyendo que ella me tiene por joven

Este soneto me parece precioso. Hay un juego sutil de engaños, autoengaños y mentiras, que resulta tierno. Él finge ser más joven de lo que es y ella parece que juega a creerlo. Le da miedo perderla por la diferencia de años. Los dos se regocijan con las mentiras mutuas (Therefore I lie with her, and she with me,  And in our faults by lies we flattered be).


               Soneto CXXXVIII
Cuando mi amor jura estar hecha de verdad,
yo la creo aun sabiendo que miente,
de forma que ella me tenga por un joven ignorante
no versado en las falsas sutilezas del mundo.
Por ello, vanamente creyendo que ella me tiene por joven,
aunque ella sabe que mis mejores días han pasado,
sencillamente doy crédito a su lengua mentirosa:
por ambas partes la verdad evidente es suprimida:
pero, ¿por qué ella no reconoce que es injusta?
¿y por qué no reconozco yo que soy viejo?
Oh, el mayor hábito del amor es parecer sincero,
y al amante entrado en edad no le gusta que se le recuerden los años:
por ello, yo miento con ella y ella conmigo,
y con nuestras faltas por mentir nos sentimos halagados.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVII: Amor, ciego estúpido, qué le has hecho a mis ojos

Los sonetos de la Dama Oscura son muy complejos. A veces Shakespeare la pinta como alguien físicamente desagradable pero que despierta la líbido; otras muestra su amor hacia ella a pesar de las habladurías y otras pone en evidencia su promiscuidad. Aquí se mezclan todos los motivos de nuevo: se queja de sufrir pasión por ella, que parece ser que no merece, máxime teniendo en cuenta que esta mujer parece tener relaciones con otros hombres. De hecho, la describe como una prostituta (eso sí, poéticamente).

                    Soneto CXXXVII
 ¿Amor, ciego estúpido, qué le has hecho a mis ojos
que miran pero que no ven lo que ven?
Saben lo que es la belleza, ven dónde se encuentra,
y sin embargo, confunden lo peor con lo mejor.
¿Si los ojos, corruptos por miradas seductoras,
están anclados en la bahía donde todos los hombres cabalgan,
 por qué has forjado garfios sobre la falsedad de una mirada
a los que el juicio de mi corazón está atado?
 ¿Por qué mi corazón concibe un coto
allí donde él mismo sabe que todos los hombres tienen acceso?
¿O, por qué mis ojos, al ver esto, no lo niegan
e insisten en proyectar la belleza en tan desagradable rostro?
Con aquello verdadero y recto mi corazón y mis ojos han errado,
y a esta plaga de falsedad están dedicados.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Soneto CXXXVI: me amarás porque mi nombre es “Will”

Este soneto sigue la línea del anterior haciendo juegos de palabras con los distintos significados de la palabra Will, en este caso con un abierto componente sexual.

                   Soneto CXXXVI
Si tu alma te reprocha que me acerco demasiado,
júrale a tu alma ciega que era yo, tu Will,
y que el deseo, tu alma lo sabe, está allí permitido;
así que en el nombre del amor, cielo, satisface mi demanda.
Will satisfará el tesoro de tu amor,
ciertamente, lo colmaré de deseo solo con mi deseo.
Es sabido que en cosas de gran enjundia es fácil demostrar
que entre un número de elementos, uno se tiene por ninguno:
así que, entre todos los demás deja que pase desapercibido,
aunque entre tu acervo ocupo un lugar;
no me valores en nada, siempre y cuando te resulte placentera
esa nada que soy yo y sea dulce para ti:
convierte mi nombre en tu amor y ámalo siempre
y en consecuencia me amarás porque mi nombre es “Will”.

martes, 20 de septiembre de 2011

Soneto CXXXV: Cualesquiera que sean los deseos de otras, tú tienes a tu Will

Este soneto juega con el múltiple sentido de la palabra "Will". Los expertos han identificado siete posibles significados de la palabra:
1. Diminutivo de William
2. Voluntad
3. Deseo carnal
4. Verbo auxiliar
5. Obstinación
6. Denominación vulgar del órgano sexual masculino
7. Denominación vulgar del órgano sexual femenino
Cada uno que haga su propia lectura.


                          Soneto CXXXV
Cualesquiera que sean los deseos de otras, tú tienes a tu Will,
y Will de sobra y Will en exceso;
una cantidad de mí que siempre te ha pretendido
de esta manera satisfaciendo tu dulce deseo.
¿Querrías, dado que tu deseo es amplio y espacioso,
permitir por una vez que mi deseo se esconda en el tuyo?
¿Te puede parecer adorable el deseo de otros,
mientras que mi deseo no recibe el brillo de la aceptación?
El mar, que es todo agua, aun así siempre acoge la lluvia,
y con abundancia, añadiéndola a sus reservas;
así que tú, que eres rica en Will, añade a tu Will
un deseo mío, para incrementar tu gran deseo.
No seas ingrata, no mates a los bellos pretendientes;
piensa en todos como uno y en mí como ese uno.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIV: yo mismo estoy hipotecado con tu deseo

El tema es es mismo del soneto anterior, los devaneos amorosos entre la Dama Oscura, Shakespeare y el joven. Es curioso el uso de terminología legal (hipotecas, derecho, endeudamiento) en un poema de amor, aunque según sus biógrafos, Shakespeare estaba bastante versado en el tema por distintas demandas y pleitos a los que se enfrentó a lo largo de su vida.


              Soneto CXXXIV
Ahora que he confesado que él es tuyo
y que yo mismo estoy hipotecado con tu deseo,
cedo mis derechos de forma que mi otro yo
me sea restituido para que siempre me reconforte:
pero no lo harás, ni el deseará ser liberado,
porque tú eres avariciosa y él es generoso;
aprendió a, como si fuera yo, firmar en mi nombre,
aceptando un compromiso que le ata estrechamente.
El derecho que te confiere tu belleza ejercerás,
usurera,  aquel que a todos prestas,
y demandarás a un amigo que se endeudo por mí;
de esta forma le pierdo por mi proceder desagradecido.
A él le he perdido; tú nos tienes tanto a él como a mí:
él paga toda la deuda y sin embargo yo no soy libre.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIII: también debe ser esclavizado mi dulce amigo

El tema se vuelve farragoso. Parece ser que la Dama Oscura, además de a Shakespeare, también ha seducido al joven de los sonetos precedentes. El poeta le pide que le libere del tormento, dado que ya le tortura a él, y se queja de la triple pérdida: de su amada, de su amigo y de sí mismo, pues ella le ha robado el corazón.


                 Soneto CXXXIII
¡Maldito sea el corazón que hace al mío quejarse
por esa profunda herida que nos inflige a mi amigo y a mí!
¿No es suficiente con torturarme solamente a mí,
que también debe ser esclavizado mi dulce amigo?
Tu ojo cruel de mí mismo me ha arrancado
y de mi ser más próximo más duramente te has incautado:
de él, de mí mismo y de ti he sido privado;
un tormento triplicado que debo soportar.
Aprisiona mi corazón bajo la guardia de tu pecho de acero
pero deja que mi pobre corazón responda del de mi amigo;
quienquiera que me encierre, deja que le defienda mi corazón;
no podrás entonces ser severa con mi encierro:
y sin embargo lo serás, porque al ser tu prisionero,
por fuerza soy tuyo, y también todo lo que hay en mí.  

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soneto CXXXII: contemplando mi dolor con bella piedad

Shakespeare establece una comparación poética entre los ojos negros de la Dama Oscura y el luto que a su juicio expresan por compasión hacia él, y le pide al corazón de la amada que también se compadezca y no le torture. Es un tema recurrente en la literatura desde el siglo XIV con Dante y Petrarca.

                  Soneto CXXXII
Tus ojos amo, y ellos, como compadeciéndose de mí,
a sabiendas de que tu corazón me tortura con desdén,
visten luto y se han transformado en plañideros amantes,
contemplando mi dolor con bella piedad.
Y verdaderamente, ni el matutino sol del cielo
adorna más las grises mejillas del Este,
ni esa gran estrella que oficia en el crepúsculo
confiere la mitad de gloria al sobrio Oeste,
que la armonía que esos dos ojos en pena aportan a tu rostro:
oh, considera entonces apropiado que tu corazón
pene por mí, dado que el sufrimiento te añade gracia,
y adopta la compasión en cada parte de ti.
Entonces juraré que la misma belleza es negra
y que horribles son todas las que carecen de tu aspecto.

martes, 13 de septiembre de 2011

Soneto CXXXI: tú no eres negra más que en tus actos

El tema se empieza a complicar: parece ser que la amada tiene un modo de proceder oscuro, a los ojos del poeta. También la define como tiránica. Sigue igualmente dándole vueltas al tema de que su belleza no es convencional.

                      Soneto CXXXI
Tú eres tan tiránica,  al actuar de esta manera,
como aquellas a cuya belleza vuelve orgullosamente crueles:
porque bien sabes que para mi querido corazón enamorado
tu eres la joya más preciada y hermosa.
Sin embargo, a decir verdad,  algunos al contemplarte comentan
que tu rostro no tiene el poder de hacer lamentarse al amor:
no seré yo tan audaz para afirmar que se equivocan,
aunque en mi fuero interno lo jure,
y  para asegurarme de no jurar en falso,
mil lamentos me afloran sólo con pensar en tu rostro.
Todos ellos, uno tras otro prestan testimonio
de que tu negrura es a mi juicio lo más bello.
Tú no eres negra más que en tus actos
y de allí, pienso yo, que procede la calumnia. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Soneto CXXX: los ojos de mi dama no se parecen al sol

Shakespeare satiriza en este caso la costumbre de los poetas de la época de comparar a su amada con todas las cosas bellas bajo el sol. En los dos cuartetos parece que está describiendo a una mujer poco atractiva, pero en los tercetos lo endereza diciendo que adora escucharla. También se podría ver desde el punto de vista de una defensa de la diversidad estética, dado que su amada es morena a diferencia del tipo general de mujer británica.

                         Soneto CXXX
Los ojos de mi dama no se parecen al sol;
el coral es mucho más rojo que el rojo de sus labios:
si la nieve es blanca, sus pechos son oscuros;
si los cabellos fueran hebras, hebras negras crecen en su cabeza.
He visto rosas damasquinadas, rojas y blancas
pero no veo dichas rosas en sus mejillas;
y algunos perfumes son más agradables
que el aliento que mi dama exhala.
Adoro escucharla cuando habla, aunque bien sé
que la música tiene un sonido más placentero:
aseguro que nunca he visto a una diosa caminar,
mi señora, cuando camina, pisa el suelo:
y sin embargo, por el Cielo, considero a mi amor tan única
como cualquier mujer retratada con falsas comparaciones.  

viernes, 9 de septiembre de 2011

Soneto CXXIX: el cielo que conduce a los hombres a este infierno

Este soneto tiene como objeto la lujuria, aunque no sabemos si el poeta habla en primera persona de su experiencia o si por el contrario es un análisis distante del tema. Se podría resumir en el refrán que dice siempre mi amigo Nacho Morales: "Amor de puta y vino de frasco: por la noche gusta y por la mañana da asco".

                         Soneto CXXIX
El derroche de vitalidad en un páramo de ignominia
es la lujuria en acción, y hasta que alcanza su objetivo, la lujuria
es perjura, asesina, sangrienta, plena de culpa,
salvaje, extrema, ruda, cruel, no de fiar;
tan pronto como se ha gozado se odia;
perseguida más allá de la razón, y en cuanto se obtiene,
odiada más allá de la razón, como el cebo ingerido
puesto a propósito para enloquecer al que lo traga.
Enloqueciendo en la persecución y también en la posesión;
extrema después, durante y en la persecución;
la gloria cuando se prueba, y una vez probado, un auténtico dolor;
antes, una propuesta de gozo; después, un sueño.
Todo esto bien lo sabe todo el mundo; sin embargo nadie sabe
como evitar el cielo que conduce a los hombres a este infierno.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Soneto CXXVIII: yo envidio a esas teclas que ágiles saltan

Un motivo común en los sonetos de la época era el de expresar envidia hacia un objeto o prenda que está en contacto con la amada, deseando estar en su lugar. En este caso Shakespeare se refiere a un instrumento musical que está tocando la Dama Oscura.


                        Soneto CXXVIII
¡Cuán a menudo, cuando tú, mi música, música tocas
sobre esa bendita madera, que suena con el movimiento
de tus dulces dedos cuando suavemente meces
la vibrante armonía que se funde en mi oído,
yo envidio a esas teclas que ágiles saltan
para besar el tierno interior de tu mano,
mientras mis pobres labios que deberían esa cosecha recoger,
ante el atrevimiento de esas maderas se sonrojan junto a ti!
Para así ser tocados, cambiarían su estado
y situación por el de esas virutas
sobre las que tus dedos caminan con paso gentil,
siendo bendecida la madera muerta más que los labios vivos.
Dado que las impertinentes teclas tan felices son con esto,
dales a ellas tus dedos y dame a mí tus labios para besarlos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Soneto CXXVII: la Dama Oscura

Suenan los clarines y cambiamos de tercio: Skakespeare deja atrás al joven y comienza la serie de sonetos dedicada a la Dama Oscura (Dark Lady), que se extiende casi hasta el final de la colección. Esta dama es tan misteriosa como el joven, aunque los expertos presentan varias candidatas que resumo a continuación:

  • Mary Fitton, una dama de compañía de Isabel I (poco probable dado que Shakespeare no tenía la categoría social para tratar a cortesanas).
  • Emilia Bassano Lanier, la hija de un músico veneciano de la corte.
  • Lucy Morgan, abadesa de Clerkenwell y cortesana.
  • La mujer de John Davenant, vinatero en la Crown Tavern de Oxford, cuyo hijo William decía ser hijo ilegítimo de Shakespeare.
  • La mujer de John Florio, el secretario italiano del Earl of Southampton.
  • Un personaje de ficción creado para desplegar un alarde de técnica literaria.

En este primer poema el poeta se dedica a defender la belleza de la mujer morena, lo que nos hace pensar que la Dama Oscura debía ser una belleza de tipo mediterráneo que se salía de los cánones de estética de la corte inglesa de la época, más centrados en la palidez de tez, en los ojos claros y el cabello rubio o pelirrojo.


                  Soneto CXXVII
En la antigüedad lo negro no se consideraba bello,
y aunque lo fuera, no llevaba el nombre de la belleza,
pero ahora, lo negro de la belleza es heredero
y la belleza es difamada por una vergüenza bastarda:
pues desde que cada mano ha asumido el poder de la Naturaleza
de embellecer el alma con el falso rostro prestado del Arte,
la dulce belleza ha perdido su nombre y su sagrado emparrado,
habiendo sido profanada, si es que no vive en la ignominia.
Es por ello que los ojos de mi dama son negros como el cuervo,
sus ojos tan conjuntados que parece que guardan el luto
por esos que, no habiendo nacido hermosos, no carecen de belleza,
calumniando la creación con una falsa apariencia:
tanto lamento expresan asemejando su pena
que todas las lenguas dicen que así debería ser la belleza.

martes, 6 de septiembre de 2011

Soneto CXXVI: con tu poder detienes el espejo cambiante del Tiempo

Precioso este soneto de despedida del joven, que nos abandona envuelto en la misma bruma de misterio con la que llegó. Este poema cierra el ciclo dedicado al bello joven y parece una recapitulación de temas que Shakespeare ha abordado anteriormente, en concreto, la supervivencia de la belleza al paso del tiempo. Sin embargo, por primera vez introduce una variante: el aviso de que algún día finalmente esa belleza se verá marchitada. ¿Será un último consejo de despedida hacia su amante, de un hombre maduro a un joven? En cualquier caso es enternecedor el cariño y la tristeza que destila. 

Por cierto, es el único soneto que solamente tiene 12 versos en vez de los acostumbrados 14. Es sustitución de los dos últimos versos Shakespeare colocó unos enigmáticos paréntesis.

                Soneto CXXVI
Oh tú, mi querido niño, que con tu poder detienes
el espejo cambiante del Tiempo, la hora de su guadaña,
tú que menguando creces, mostrando con ello
el marchitarse de tus amantes, mientras crece tu dulce ser.
Si la Naturaleza, soberana señora de la ruina,
mientras avanzas continuamente te retiene,
de esta forma te preserva con el fin de que su habilidad
pueda frenar el tiempo y matar los miserables minutos.
¡Sin embargo témela, Oh siervo de su placer! 
Puede frenar el tiempo pero no retener su tesoro para siempre:
sus cuentas (aunque pospuestas) deben ser presentadas,
y el pago de su deuda es el entregarte.
(                                                      )
(                                                      )


lunes, 5 de septiembre de 2011

Soneto CXXV: acepta mi ofrenda pobre pero libre

Este poema cierra el ciclo de sonetos dedicados al joven puesto que el siguiente es ya la despedida. El tema sigue siendo el de los poemas precedentes, especialmente el 123, en los que Shakespeare defiende que el amor está por encima de todo, incluyendo las intrigas políticas. Introduce un nuevo personaje, el "informador sobornado", cuya identidad no está muy clara.


                Soneto CXXV
¿Me sirve de algo el sostener el palio
prestando honores con mi presencia,
o el sentar los grandes cimientos para la eternidad,
que demuestran ser más efímeros que todo lo pasajero?
¿Acaso no he visto inquilinos del favor y el protocolo
perder todo y más por pagar demasiada renta,
rechazar el sabor simple por una dulzura compuesta,
triunfadores dignos de lástima que se desgastan espiando a otros?
No, déjame ser dadivoso en tu corazón
y acepta mi ofrenda, pobre pero libre,
que no está mezclada con impurezas ni conoce el engaño,
sino sólo la entrega mutua, sólo yo para ti.
¡Largo, tú, informador sobornado! Un alma fiel
cuanto más es acusada más escapa a tu control.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Soneto CXXIV: si mi querido amor fuese solamente hijo del interés

El amor de Shakespeare por el joven es independiente de los embates del tiempo y de las intrigas políticas cortesanas.

                    Soneto CXXIV
Si mi querido amor fuese solamente hijo del interés
sería un hijo bastardo de Fortuna de padre desconocido,
y estaría sujeto al amor del Tiempo y al odio del Tiempo,
hierba entre hierbas y flor junto con flores.
No, su generación no fue un accidente,
no le afecta la pompa amable, ni cae
bajo los golpes del ostracismo impuesto por el poder
al que invita la moda de nuestros tiempos:
no teme a la política, esa hereje,
que trabaja sobre el préstamo de las horas escasas;
sino que se erige tan inmensamente independiente
que ni crece con el calor ni se ahoga con los aguaceros.
Para probar esto llamo a testificar a los locos del tiempo,
aquellos que, habiendo vivido en pecado, mueren en la bondad.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Soneto CXXIII: Tiempo, no podrás presumir de que yo he cambiado

El amor del poeta por el joven es tan fuerte que sobrevive al ataque del tiempo y a las vicisitudes políticas. Esto último puede hacer referencia a la coronación de Jacobo I en 1604, lo que nos permitiría fechar este soneto.

                   Soneto CXXIII
No, Tiempo, no podrás presumir de que yo he cambiado:
tus pirámides erigidas con poder renovado
no son para mí nada nuevo, nada extraño;
no son sino vestidos de una antigua visión.
Nuestro tiempo es breve y por ello admiramos
aquello que nos muestras y que es viejo,
y preferimos creerlo nacer a nuestro deseo
que pensar que hemos oído hablar de ello antes.
Te desafío a ti y a tus registros
y no me cuestiono ni el presente ni el pasado
porque tus registros y lo que vemos mienten,
ya que son exaltados o minimizados por tu veloz cadencia.
Esto prometo y esto es lo que siempre será:
seré fiel, a pesar de ti y de tu guadaña.