jueves, 30 de junio de 2011

Soneto CXIV: transformando todo mal en excelencia

En este poema Shakespeare se pregunta acerca de quién es más culpable, su mente, por ser víctima de la adulación hacia el joven, o sus ojos, por embellecer todo objeto con la imagen de su amante.

                          Soneto CXIV
¿Será porque mi mente, habiendo sido coronada contigo,

se nutre de la enfermedad de los reyes, la adulación?
¿O debo decir que mis ojos dicen la verdad
y que tu amor les instruyó en esta alquimia
para convertir los monstruos y las cosas amorfas
en querubines tales como la apariencia de tu dulce ser,
transformando todo mal en excelencia,
tan rápido como los objetos son percibidos por sus rayos?
Oh, es la primera opción, es la adulación de mi visión
que mi gran mente de la forma más regia bebe:
mis ojos bien saben lo que es agradable a su gusto
y preparan en consecuencia la copa para su paladar:
si está envenenada no es un gran pecado
puesto que a mis ojos les encanta y la prueban primero.

miércoles, 29 de junio de 2011

Soneto CXIII: desde que te dejé mi vista reside en mi mente

Soneto especialmente bonito el 113, en el que Shakespeare le confiesa al joven lo mucho que le echa de menos expresando que es ajeno a cualquier percepción pues todas le recuerdan a su amante. Ya no ve con sus ojos sino con el recuerdo de su amor. Sublime.

                     Soneto CXIII
Desde que te dejé mi vista reside en mi mente,
y aquello que gobierna mis movimientos
ha cesado en su función y está parcialmente ciego,
aparenta ver pero en la práctica está apagado;
porque no entrega ninguna imagen al corazón
ni de pájaro, de flor o de forma alguna que atrapa:
la mente no comparte su percepción de los objetos
ni su propia visión retiene aquello que agarra;
porque aunque contemple la vista más ruda o la más suave,
los rasgos más dulces o la criatura más deforme,
la montaña o el mar, el día o la noche,
el cuervo o la paloma, los modela a tu imagen y semejanza:
incapaz de nada más, pleno de ti,
mi mente fiel falsifica mis ojos.

martes, 28 de junio de 2011

Soneto CXII: todo el mundo aparte se me antoja muerto

Sigue el poeta demostrando su devoción por su joven amante hasta el punto de que en este caso parece expresar idolatría y fervor religioso por él. Algunos consideran que este tipo de sonetos navegan entre la humorada y la blasfemia.

               Soneto CXII
Tu amor y piedad llenan el hueco
que el escándalo del vulgo imprimió en mi frente;
porque ¿qué me importa que se hable bien o mal de mí,
cuando tú reverdeces mi mal y reconoces mis bondades?
Tú eres el mundo para mí y yo debo esforzarme
por conocer de tu lengua mis defectos y virtudes;
no existe nadie más para mí, ni yo existo para nadie,
de forma que mi férrea resolución o cambia el bien o el mal.
A tan profundo abismo arrojo mi consideración
sobre las opiniones de otros, que mi oído, como el de la víbora,
está bloqueado tanto ante el crítico como ante el adulador.
Observa cómo funciona mi renuncia:
estás tan arraigado en mi comportamiento
que todo el mundo aparte se me antoja muerto.

lunes, 27 de junio de 2011

Soneto CXI: ten piedad de mí y desea que sea renovado

Shakespeare continúa humillándose y pidiendo perdón por una falta que no sabemos cuál es. En este caso va más allá y refiere infecciones y curas, por lo que podemos deducir que ha cogido alguna enfermedad de transmisión sexual, probablemente en un burdel. En el pecado está la penitencia, se podría decir. Resulta curioso que culpa a la Fortuna de su comportamiento, dado que ella le ha destinado una baja extracción social de nacimiento.

                   Soneto CXI
Oh, por mi bien, arremete contra Fortuna,
la diosa culpable de mis actos dañinos,
que no me proveyó mejor en la vida
más que con medios bajos, que crían bajos modales.
Es por ello que mi nombre recibe una mancha
y que mi naturaleza resulta subyugada
por aquello que maneja, como las manos de un tintador:
ten piedad de mí y desea que sea renovado
mientras, como un paciente deseoso, beberé
pociones de vinagre para curar mi fuerte infección;
nada por amargo que sea lo consideraré amargo,
ni siquiera un castigo doble para enmendar la enmienda.
Ten piedad de mí pues, querido amigo, y te aseguro
que sólo tu piedad bastará para curarme.

miércoles, 22 de junio de 2011

Soneto CX: las peores relaciones han demostrado que eres mi mejor amor

Continúa el tema del soneto anterior, el de la posible infidelidad de Shakespeare y el retorno a su verdadero amor. Algunos comentaristas ven una alusión velada a su condición de actor, una profesión de poca reputación en la época isabelina, y su deseo de haber nacido de mejor cuna. A pesar de ser protegido por reyes y nobles, el teatro era considerada una actividad pecaminosa en la época isabelina, hasta el punto de que los teatros se ubicaban a las afueras de Londres, en la orilla sur del Támesis, junto con las tabernas y prostíbulos.

                                 Soneto CX
Ay, es verdad, he estado aquí y allá
y me he convertido en un payaso a los ojos de la gente;
he masacrado mis propios pensamientos, malvendido lo más preciado,
he creado las ofensas habituales de los nuevos afectos:
bien es verdad que he contemplado la sinceridad
con extrañeza y desaprobación, pero, por todo lo sagrado,
estas huidas renovaron la juventud de mi corazón
y las peores relaciones han demostrado que eres mi mejor amor.
Ahora que todo ha acabado, toma lo que no tiene fin:
ya nunca jamás afilaré mi apetito
con una experiencia nueva para probar a mi más antiguo amigo,
un dios en el amor, que me tiene confinado.
Dame entonces la bienvenida, tú lo mejor después del cielo,
incluso hasta tu puro y muy muy amado pecho.

martes, 21 de junio de 2011

Soneto CIX: nunca digas que fui falso de corazón

Este soneto inicia una serie sobre la separación entre el bardo y su joven amante. Parece que ahora Shakespeare se defiende de acusaciones de infidelidad tras una separación ("Though absence seemed my flame to qualify"), insistiendo en su devoción por las virtudes de su amor. Los dos últimos versos suponen una declaración absoluta de amor y adhesión. Dentro de las conjeturas, pues no disponemos de pruebas de nada en concreto, si el amante de Shakespeare hubiese sido el noble Earl of Southampton, la separación podría estar relacionada con el encarcelamiento de éste tras la revuelta de Essex en 1601, del que no fue liberado hasta el ascenso de Jaime I al trono de Inglaterra en 1603. Pero no tenemos indicios...

                         Soneto CIX
Oh, nunca digas que fui falso de corazón,
aunque la ausencia aparentaba mi llama apagar,
pues resultaría igual de fácil separarme de mí mismo
que hacerlo de mi alma, que reside en tu pecho.
Ése es mi hogar amado: si he vagabundeado
como aquel que viaja, vuelvo allí una y otra vez;
justo a tiempo y no alterado por el tiempo,
de forma que yo mismo traigo agua para limpiar mi mancha.
Nunca creas, aunque en mi naturaleza reinase
la debilidad que asedia a todo tipo de carácter,
que ésta podría ser manchada tan tontamente
como para abandonar por nada toda tu suma de virtudes;
no valoro en nada el ancho universo,
excepto a ti, mi rosa, que dentro de él eres todo para mí.



lunes, 20 de junio de 2011

Soneto CVIII: encontrando la primera manifestación creada del amor

El poeta se pregunta si puede añadir algo nuevo a todo aquello que ya ha escrito sobre el joven. Aunque las frases ya han sido utilizadas, para Shakespeare merece la pena seguir escribiendo sobre su amante para luchar contra el tiempo y el olvido, y para mantener viva la llama del primer amor. Como anécdota, 108 era el número de sonetos que incluía la colección de Sidney Astrophel and Stella, publicada a título póstumo en 1591, pero que había circulado de mano en mano durante once años, convirtiéndose en influencia y patrón para los poetas  ingleses de la época. Quizá por ello Shakespeare hace recapitulación y examen de su obra en este soneto en particular.

                        Soneto CVIII
¿Qué hay en el cerebro, que pueda plasmar la tinta,
que no haya descrito para ti mi fiel espíritu?
¿Qué se puede contar de nuevo, qué de nuevo registrar,
que pueda expresar mi amor, o tus adorables méritos?
Nada, dulce niño; y sin embargo como las divinas oraciones,
debo cada día recitar exactamente lo mismo,
sin tratar las expresiones que son viejas como tales, tú mío, yo tuyo,
tal y como cuando empecé a venerar tu hermoso nombre.
Para que el amor eterno en el fresco envoltorio del amor
no sea lastrado por el polvo y el daño del paso del tiempo;
y que no de lugar a las inevitables arrugas,
sino que convierta a la antigüedad en su paje para siempre;
encontrando la primera manifestación creada del amor,
allá donde el tiempo y la apariencia la mostrarían muerta.

jueves, 16 de junio de 2011

Soneto CVII: la paz anuncia la longevidad de los olivos

Es curisoso. Este soneto, a juicio de algunos expertos, hace alusión a la muerte de Isabel I y al fin de la dinastía Tudor. Y digo que es curioso porque hace muchos años publiqué un artículo hablando de las obras de Shakespeare que tienen lugar en el siglo XV y en su importancia como herramientas políticas de la Casa Real británica. Por supuesto, la teoría que subyace en el artículo no se me ocurrió a mí, pero creo que la tesis se sostiene en la revista, que se puede consultar aquí. En este poema, a través de metáforas e imágenes, parece predecir el fin de una época y el principio incierto de otra, todo ello asociado a la persistencia en el tiempo de Shakespeare y de su amante a través de su obra.

                   Soneto CVII
Ni mis propios miedos, ni el alma profética

del ancho mundo, que sueña las cosas por venir,
pueden controlar las condiciones de mi verdadero amor, 
imponiendo como castigo un destino severo.
La mortal luna sobrevivió al eclipse
y los tristes augures se burlan de sus propios presagios;
ahora las incertidumbres son coronadas como hechos
y la paz anuncia la longevidad de los olivos.
Ahora, con las gotas de este tiempo tan suave
mi amor se muestra fresco y la muerte se me rinde,
pues, a pesar de ella, viviré en estas pobres rimas,
mientras ella pisotea a tribus iletradas y grises:
y tú en esto tendrás tu monumento cuando
los blasones de los tiranos y las tumbas de latón hayan desaparecido.

miércoles, 15 de junio de 2011

Soneto CVI: todas sus alabanzas no son sino profecías prefigurándote

Curioso juego temporal que realiza este soneto: las crónicas de tiempos pasados, que describen la belleza de caballeros y damas, no hacen sino anticipar, o describir prematuramente, la belleza del joven. Los autores de la antiguedad ya preveían que llegaría una persona de la mayor belleza y valía, a juicio de Shakespeare.

Cuando en las crónicas del tiempo agotado
encuentro descripciones de los más hermosos personajes,
y la belleza embellece las viejas rimas
alabando a las damas muertas y a los encantadores caballeros,
entonces, en el blasonado de lo mejor de la dulce belleza,
de la mano, del pie, del labio, del ojo, del semblante,
veo que sus arcaicas plumas podrían expresar
incluso la belleza que tú posees ahora.
Así que todas sus alabanzas no son sino profecías
de éste nuestro tiempo, todas prefigurándote;
y porque miraban con ojos proyectados al futuro
no poseían la habilidad suficiente para cantar tu valía:
en cambio nosotros, que ahora contemplamos los días presentes,
tenemos ojos para maravillarnos, pero no lenguas para la alabanza.

jueves, 9 de junio de 2011

Soneto CV: bello, generoso, fiel

Algunos autores ven cierto posible sacrilegio en este soneto al comparar el poeta a su amado con la Santísima Trinidad (tres en uno), cuando habla de él como bello, generoso y fiel. Yo francamente no veo esa comparación clara y creo que no son más que halagos sin más importancia. No sabemos si realmente diferencia su amor de una mera idolotaría, equivalente a la diferencia entre el dios verdadero y los ritos paganos, o si no se trata más que de una alegoría.

                Soneto CV
Que no se tache mi amor de idolatría,
ni se presente a mi amado como un ídolo,
porque todos mis cantos y alabanzas sean similares,
hablando del uno, sobre el uno, ahora y siempre.
Generoso es hoy mi amor, mañana será generoso,
todavía constante en su grandiosa excelencia;
en consecuencia, mi verso confinado en la constancia,
al expresar sólo una cosa excluye la diferencia.
Bello, generoso y fiel, es mi único tema.
bello, generoso y fiel, utilizando otras palabras,
y en este cambio empleo mi inventiva,
tres temas en uno, que ofrecen un grandísimo campo.
Bello, generoso y fiel, a menudo han aparecido por separado,
pues esos tres, hasta ahora, no coincidieron sobre una misma persona.

miércoles, 8 de junio de 2011

Soneto CIV: para mí, hermoso amigo, nunca podrás ser viejo

Este soneto genera controversia entre los expertos porque da pistas sobre el alcance temporal de la relación entre Shakespeare y el joven. Hace alusión a tres años de encuentros y desencuentros entre ellos, que los eruditos intentan fechar a través de la numerología, muy en boga en la época en que fueron escritos. Pero a mí no me apetece entrar en esos campos, así que solamente diré que el poeta hace una retrospectiva de su relación como siempre alabando a su amado.

                                 Soneto CIV
Para mí, hermoso amigo, nunca podrás ser viejo,
porque tal y como eras cuando nuestros ojos se encontraron,
así me parece aún tu belleza. El frío de tres inviernos
ha sacudido de los bosques el orgullo de tres veranos,
tres preciosas primaveras se han tornado al amarillo del otoño
en el proceso de las estaciones que he podido contemplar,
tres perfumes de abril se han abrasado en tres calurosos junios
desde que por vez primera te vi tan joven, y sigues lozano.
¡Ah! y sin embargo, tu belleza como la aguja de un reloj
se aleja de cada hora sin aparentar movimiento;
de esta forma tu dulce color, que yo pienso que no varía,
se transforma, y mi ojo puede estar siendo engañado:
por temor a ello, escuchad esto, vosotros los de tiempos por llegar,
antes de que nacieseis murió la belleza del verano.

martes, 7 de junio de 2011

Soneto CIII: mis versos no tienen otro cometido que tus gracias y virtudes difundir

Shakespeare se degrada aún más afirmando que sus versos no añaden nada a las gracias del joven y que incluso pueden empeorarlas. Por supuesto, siempre sospechamos que es un mero ejercicio estilístico y que él está absolutamente convencido de la calidad de su poesía. Prueba de ello es que ésta ha llegado hasta nosotros y la imagen del joven no.

                     Soneto CIII
¡Ay, cuánta pobreza acarrea mi Musa,
pues teniendo tal campo para mostrar su orgullo,
el tema completamente desnudo es más rico
que cuando lleva añadidas mis alabanzas!
¡Oh, no me culpéis si ya no puedo escribir más!
Mira en tu espejo y allí un rostro aparece
que excede con creces mi pobre inventiva,
ensombreciendo mis renglones y desacreditándome.
¿No sería pecado entonces que, al intentar mejorar,
empeorase al sujeto que antes estaba bien?
Porque mis versos no tienen otro cometido
que tus gracias y virtudes difundir;
y más, mucho más de lo que puede albergar mi verso,
te lo muestra tu espejo, cuando te miras en él.

lunes, 6 de junio de 2011

Soneto CII: no amo menos, aunque menor es su manifestación

Este ciclo del 100 al 104 expone excusas del poeta sobre su silencio o falta de actividad en los elogios al joven. Viene a decir que el exceso de adulación convierte el objeto adulado en más vulgar. Entre nosotros, se le nota un poco de hastío de todo este tema. Philomel es el nombre clásico que se le daba al ruiseñor, pájaro que se supone que canta a principios de verano.

                             Soneto CII
Mi amor es más intenso, aunque débil en apariencia;
no amo menos, aunque menor es su manifestación;
está mercantilizado aquel amor cuya preciosa valía
es difundida en todas partes por la lengua de su poseedor.
Nuestro amor era nuevo, y fue en primavera
cuando me acostumbré a celebrarlo con mis poemas;
como Philomel que canta al principio del estío,
y deja de tocar su flauta cuando los días maduran:
no es que el verano sea ahora menos placentero,
que cuando sus tristes himnos silenciaban a la noche,
pero esa música agreste sobrecarga cada rama
y las cosas dulces al hacerse corrientes pierden su precioso encanto.
De esta manera, como ella, a veces reprimo mi lengua,
porque no querría aburrirte con mi canción.  

jueves, 2 de junio de 2011

Soneto CI: no excuses así tu silencio porque es tu cometido

Parece que las aguas vuelven a su cauce: el poeta está otra vez a gusto con su amado y le reprocha a su musa que no le inspire para seguir alabando al joven en su obra. Parece que Shakespeare ha tenido algún tipo de crisis creativa y busca motivos para reemprender los sonetos.

                      Soneto CI
Oh Musa canalla, ¿cuál será tu penitencia
por tu rechazo a la verdad teñida de belleza?
Tanto la verdad como la belleza dependen de mi amado,
al igual que tú, y eso mismo te dignifica.
Responde Musa, ¿acaso no dirás
“la belleza no necesita color teniendo el suyo propio,
la belleza no necesita pincel para pintar la verdad,
porque mejor que mejor, si nunca se mezcla”?
Dado que él no necesita alabanza, ¿enmudecerás?
No excuses así tu silencio porque es tu cometido
hacerle sobrevivir con creces a una tumba ornamentada
y que se le alabe en las edades por venir.
Por eso cumple con tu obligación, Musa: te enseñaré
a hacer que parezca como es ahora durante largo tiempo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Soneto C: dónde estás, Musa, que has olvidado tanto tiempo

Puede que se haya producido un intervalo de tiempo entre el último soneto y éste, que haya implicado una separación temporal entre los amantes. El tono, que puede ser fingido, da a entender que no se han visto en algún tiempo. Puede ser también un recurso retórico, quién sabe. El caso es que acusa a la musa de olvidar a su amado cuyas virtudes eran su inspiración.

                            Soneto C
¿Dónde estás, Musa, que has olvidado tanto tiempo
hablar de aquello que te confiere todo tu poder?
¿Derrochas tu furia en alguna canción sin valor
oscureciéndote para iluminar a sujetos bajos?
Vuelve, olvidadiza Musa,  inmediatamente y repón,
con tiernos números, el tiempo tan tontamente gastado;
Cántale al oído que estima tus poemas
y que le da  a tu pluma tanto habilidad como argumentos.
Levántate, ociosa Musa, y examina el dulce rostro de mi amado
por si el Tiempo ha grabado allí alguna arruga;
si es así, conviértete en una sátira sobre la decadencia,
y haz que el botín del Tiempo sea en todas partes despreciado.
Dale fama a mi amado más rápido de lo que el Tiempo consume la vida,
para que puedas prevenir su hoz y curvo cuchillo.