jueves, 28 de abril de 2011

Soneto LXXXIII: no me propuse embellecerte

Bonito poema en el que Shakespeare se defiende de sus rivales argumentando que el joven no necesita elogios pues su belleza excede cualquier halago literario. Interesante el que por primera vez mencione a dos contendientes por el amor del joven, pues no sabíamos cuántos eran (Than both your poets can in praise devise).


                  Soneto LXXXIII
Nunca consideré que necesitases embellecimiento
y por tanto no me propuse embellecerte;
descubrí, o pensé que descubrí, que excedías
la estéril oferta de la deuda del poeta:
y es por ello que he evitado describirte,
para que tú mismo, en vida, puedas mejor mostrar
lo mucho que una pluma moderna se queda corta
al hablar de la valía, la valía que crece en ti.
Me imputaste como pecado este silencio,
que más bien será mi gloria, el estar mudo;
pues permaneciendo callado no rivalizo con la belleza,
mientras que otros ofrecen vida y producen una tumba.
Hay mucha más vida en uno de tus bellos ojos
de la que pueden ingeniar con alabanzas tus dos poetas.

miércoles, 27 de abril de 2011

Soneto LXXXII: aquellos forzados artificios que presta la retórica

En este caso, el poeta achaca a sus competidores en las alabanzas del joven un exceso de artificio y retórica. Él defiende que la belleza del joven es mejor definida con palabras sencillas.

              Soneto LXXXII
Te garantizo que no estás casado con mi Musa,
y que por tanto puedes mirar sin vergüenza
las palabras que utilizan los escritores dedicadas
a su hermoso tema, y bendecir cada libro. 
Tú eres tan bello interiormente como en apariencia,
y descubro que el límite de tu valía excede mi alabanza,
así que estás obligado a buscar de nuevo
alguna estampa más fresca de los mejores tiempos.
Y hazlo, amor; pero cuando hayan inventado
aquellos forzados artificios que presta la retórica,
tú, que eres realmente hermoso, serás mejor retratado,
con sencillas palabras, por tu sincero amigo;
y sus exagerados retratos serán mejor utilizados
allí donde las mejillas necesitan sangre; en ti son un exceso.

martes, 26 de abril de 2011

Soneto LXXXI: la muerte no podrá llevarse de aquí tu recuerdo

Un soneto de los que prevén el triunfo del estilo y la calidad literaria sobre la muerte. Ya he hemos visto de éstos anteriormente (el 49, el 63 y el 77), pero el presente tiene un especial significado porque se encuentra inmerso en un ciclo en el que el poeta se humilla ante el joven frente a un rival o escritores rivales  que también le cortejan con su pluma. Pero en este caso Shakespeare se erige con todo su orgullo y confianza en su excelencia para defender que sus versos serán el monumento del joven en el futuro, que le harán sobrevivir a la muerte y ser recordado en la posteridad (Your monument shall be my gentle verse, Which eyes not yet created shall o'er-read).

                  Soneto LXXXI
Tanto si vivo para componer tu epitafio,
como si tú sobrevives cuando yo esté podrido en la tierra,
la muerte no podrá llevarse de aquí tu recuerdo,
aunque cada parte de mí será olvidada.
Desde ahora tu nombre tendrá vida inmortal,
aunque yo, cuando haya desaparecido, moriré para el mundo:
la tierra solamente me puede ofrecer una tumba común,
mientras que tú reposarás sepultado en los ojos de los hombres.
Tu monumento será mi suave verso,
que será releído por ojos aún no creados;
y las lenguas que serán tu ser recrearán,
cuando todos los que respiran de este mundo estén muertos;
tu seguirás vivo, tal virtud posee mi pluma,
donde se siga respirando, incluso en las bocas de los hombres.

lunes, 25 de abril de 2011

Soneto LXXX: yo soy un barco sin valor

Dado que el sábado pasado fue el Día del Libro, el 23 de abril que se supone que conmemora la muerte de Shakespeare y de Cervantes, tengo que decir que ni el uno ni el otro murieron ese día. Cervantes murió el día 22 y fue enterrado el 23. Y en el caso de Shakespeare, dado que Inglaterra en aquella época utilizaba el calendario Juliano, falleció el 3 de mayo que es el día equivalente en el calendario Gregoriano. Otra leyenda urbana.

Hecha esta pequeña aclaración, vamos con el soneto que nos ocupa, que al igual que los anteriores, presenta el complejo que siente el poeta al tener que rivalizar con otros escritores que alaban en sus obras a su amado.En este caso, equipara el amor del joven a un mar en el que navegan él y su rival.

                        Soneto LXXX
Oh, cómo desfallezco cuando sobre ti escribo
sabiendo que un mejor espíritu hace uso de tu nombre,
y en la alabanza del mismo empeña todo su poder,
para hacerme enmudecer al hablar de tu fama.
Pero como tu valía, que es tan ancha como el océano,
alberga tanto la vela más humilde como la más orgullosa,
mi indecente navío, aun tan inferior como es al suyo,
tercamente se presenta en tu amplio mar.
Tu ayuda de menor calado me mantendrá a flote,
mientras que él cabalga sobre tu insondable profundidad;
o, habiendo naufragado, yo soy un barco sin valor,
siendo él de alta construcción y profundamente orgulloso:
de esta forma, si él prosperase y yo naufragase,
lo peor sería esto, que mi amor habría causado mi declive.


martes, 19 de abril de 2011

Soneto LXXIX: lo que te ofrece está financiado por ti

Parece que proliferan los escritores que vierten alabanzas hacia el joven desde sus poemas, hecho que evidentemente molesta a Shakespeare. Su argumento para que rechace elogios ajenos se basa en que los poemas solamente recogen las virtudes del joven, no aportan nada que éste no tenga ya, y le devuelven las excelencias que antes le han quitado para elaborar los sonetos. Por lo tanto, no debe agradecer que le devuelvan lo que es ya suyo.

                       Soneto LXXIX
Mientras yo era el único que invocaba tu ayuda,
mis versos eran los únicos en poseer tu alta gracia:
pero ahora mi ingenioso metro está en decadencia,
y mi musa enferma ofrece inspiración en otros lugares.
Te aseguro, dulce amor, que tú, como motivo literario,
mereces el esfuerzo de una pluma más valiosa;
sin embargo, lo que pueda ingeniar sobre ti tu poeta,
te lo roba directamente, para luego ofrecértelo de nuevo.
Te confiere la virtud, pero robó esa palabra
de tu comportamiento; te adjudica la belleza,
pero la encontró en tu semblante; no puede permitirse
ninguna alabanza a algo que no resida ya en ti.
Así que no le des las gracias por aquello que te dice,
porque lo que te ofrece está financiado por ti.

lunes, 18 de abril de 2011

Soneto LXXVIII: proyectas mi ruda ignorancia a la altura del más alto entendimiento

Vuelve  a tratarse en la serie de sonetos el problema de los poetas rivales de Shakespeare. En esta ocasión se queja de que otros se inspiren en el joven para desarrollar su obra lírica. Como siempre, poco o nada sabemos acerca de quiénes pudieron ser dichos rivales, aunque la relación de poetas que escribían y publicaban en esa misma época de la vida de Shakespeare arroja nombres como Marlowe, Nashe, Greene o Middleton. Ya en el comentario al Soneto XX incluí una lista de escritores de sonetos británicos de la época.

                Soneto LXXVII
Tantas veces te he invocado como mi musa
y encontrado tan bella ayuda para mis versos,
que toda pluma ajena tiende a imitarme
y bajo tu influencia se difunde su poesía.
Tus ojos, que enseñaron al mudo a cantar alto
y al ignorante profundo a elevarse para volar,
han añadido plumas a las alas de los entendidos
y han investido a la gracia con doble majestad.
Pero estate más orgulloso de lo que yo compongo,
cuya influencia es tuya y que nace de ti:
en las obras de otros tú tan sólo mejoras el estilo
y la habilidad, llenándolas de gracia con tu dulce gracia;
pero tú eres todo mi arte y proyectas
mi ruda ignorancia a la altura del más alto entendimiento.

viernes, 15 de abril de 2011

Soneto LXXVII: las hojas vacantes albergarán la impresión de tu mente

En un tono marcadamente menos trágico que los sonetos de la serie precedente, el poeta le recomienda al joven que escriba sus ideas y sentimientos como forma de conocerse a sí mismo y mejorar como persona. A pesar de las alusiones a la muerte, no creo que el tono de este poema aluda, como en ocasiones anteriores, a la supervivencia a través de una obra inmortal. Se conoce que Shakespeare no le veía al joven dotes literarias suficientes, digo yo (no todo el mundo vale para todo). Por cierto, con éste hemos llegado al ecuador de los sonetos de Will.

                   Soneto LXXVII
Tu espejo te mostrará cómo viste tu belleza,
tu esfera cómo se consumen tus preciosos minutos;
las hojas vacantes albergarán la impresión de tu mente,
y de este libro podrás saborear esta enseñanza:
las arrugas que tu espejo sinceramente mostrará
traerán a tu memoria las fauces de los sepulcros;
tú, por el movimiento sigiloso en tu esfera, conocerás
el avance ladrón del Tiempo hacia la eternidad.
Cualquier cosa que tu memoria no pueda retener,
encomiéndaselo a estos papeles en blanco y descubrirás
que esos retoños de tu cerebro son cuidados,
para que tengas un nuevo conocimiento de tu mente.
Estas tareas, siempre que vuelvas a mirar lo escrito,
te serán útiles y enriquecerán el libro sobremanera.

jueves, 14 de abril de 2011

Soneto LXXVI: por qué está mi verso tan estéril de ornamentación

Shakespeare se cuestiona en este caso la falta de innovación en su obra poética, el porqué de no abrazar las modas literarias de la época (a pesar de que estaba inmerso en la moda del soneto isabelino), y llega  a la conclusión de que siempre toca el mismo tema en sus escritos, el joven y su amor hacia él, intentando vestir su pasión con nuevas palabras ("So all my best is dressing old words new").

                           Soneto LXXVI
¿Por qué está mi verso tan estéril de ornamentación,
tan lejos de la variedad y de la rápida innovación?
¿Por qué no miro alrededor, hacia estos tiempos,
en pos de nuevos métodos descubiertos y raras composiciones?
¿Por qué sigo escribiendo de una forma, siempre lo mismo,
y reduzco la inventiva a un atuendo harto conocido,
de forma que prácticamente cada palabra denuncia mi nombre,
delatando su origen y de dónde procede?
Oh, has de saber, dulce amor, que siempre escribo sobre ti,
y que tú y el amor continuáis siendo mi tema;
así que, lo mejor que hago es vestir como nuevas viejas palabras,
invirtiendo de nuevo lo que ya ha sido invertido:
porque tal y como el sol es diariamente nuevo y viejo,
así es mi amor, que siempre relata lo ya relatado.

miércoles, 13 de abril de 2011

Soneto LXXV: muriéndome de hambre por una mirada

Cambia en este poema el carácter lánguido de los anteriores. De forma más distendida, Will compara los extremos de su amor por el joven con el hambre y la glotonería: a veces echa de menos a su amor y otras veces se sacia con creces de él. Hay momentos en que quiere disfrutar del joven a solas y otros en los que quiere presumir de él y mostrarle en sociedad. Interesante dicotomía.

                            Soneto LXXV
Tal eres tú a mis pensamientos como el alimento a la vida,
o como las lluvias primaverales de dulce olor a la tierra;
y para preservar tu paz yo sostengo tal contienda
como la que hay entre el mísero y los que pretenden su riqueza:
ahora orgulloso en el disfrute y al momento siguiente
temeroso de que los tiempos ladrones puedan robar su tesoro;
ahora considerando mejor estar contigo a solas,
luego prefiriendo que el mundo pueda percibir mi placer:
a veces colmándome de alimento con tu visión,
e inmediatamente muriéndome de hambre por una mirada;
sin poseer ni perseguir ningún otro placer,
sino excepto lo que tengo o debo obtener de ti.
Así me muero de hambre y me atiborro alternativamente,
bien devorándolo todo con glotonería, bien prescindiendo de todo.

martes, 12 de abril de 2011

Soneto LXXIV: mi espíritu es tuyo, la mejor parte de mí

El 74 cierra el miniciclo de los cuatro sonetos que hablan de la muerte del poeta y para bien, pues defiende su inmortalidad a través de sus versos, que afirma que son su esencia, frente al cuerpo mortal que no es más que un residuo.

                                      Soneto LXXIV
Pero conténtate cuando sea cruelmente arrestado
y sin posibilidad de fianza sea llevado
porque mi vida mantendrá un valor en estos versos
que como recuerdo siempre permanecerán contigo.
Cuando releas esto, estarás releyendo
la mismísima parte que fue consagrada a ti:
la tierra solamente puede recibir tierra, que es su derecho;
mi espíritu es tuyo, la mejor parte de mí:
así que sólo habrás perdido los residuos de la vida,
la presa de los gusanos, mi cuerpo una vez muerto;
la cobarde conquista del cuchillo de un mezquino,
algo demasiado bajo para ser recordado por ti.   
El valor de algo está en lo que ese algo contiene,
y ese algo es esto, y esto contigo permanecerá.

lunes, 11 de abril de 2011

Soneto LXXIII: en mí puedes ver el crepúsculo de semejante día

A pesar del tono crepúscular de este soneto, Shakespeare lo debió escribir antes de 1600 por lo que no había cumplido los 36 años. Deducimos por tanto que no es más que una licencia poética de estilo el presentarse como un hombre en su senectud, que probablemente lo que persigue es acentuar la necesidad que tiene del amor del joven, victimizándose. 

                          Soneto LXXIII
Esa es la parte del año que puedes contemplar en mí,
cuando cuelgan hojas amarillas, pocas o ninguna,
sobre esas ramas que se estremecen ante el frío,
desnudos coros en ruinas, donde antes las dulces aves cantaban.
En mí puedes ver el crepúsculo de semejante día,
como cuando la puesta de sol se difumina por el oeste,
a la que poco a poco se lleva la negra noche,
el otro yo de la muerte, que todo sella con descanso.
En mí puedes ver el brillo de semejante fuego,
como el que yace en las cenizas de su juventud,
a modo de lecho de muerte en el que debe expirar,
consumido por aquello que le alimentaba.
Esto que percibes debería reforzar tu amor,
para que bien ames aquello de lo que pronto te separarás.

jueves, 7 de abril de 2011

Soneto LXXII: no podrás demostrar que haya nada valioso en mí

Otro soneto en el que el poeta manda su autoestima a recoger cebollinos. Peor áun que el anterior en el sentido de que se humilla todavía más pensando que él es algo sin valor que no merece ser recordado por la posteridad. Yo apuesto a que esto es un ejercicio de estilo; no me creo que el Shakespeare triunfante y glorioso de esa época del cambio de siglo -empresario, escritor, actor-, se tuviese en tan poco frente a un estúpido joven noble ocioso, cuyo nombre ni ha llegado hasta nuestra época. La caída de la cabeza de Carlos I  en 1649 y el varapalo de la Revolución no les vino mal a esa panda de haraganes engreídos para establecer una toma de tierra. A pesar de que luego vino la restauración de los Estuardo al trono de Inglaterra.Parásitos.

                  Soneto LXXII
Oh, a menos que el mundo te ordenase recitar
los méritos que habitaban en mí y que tú amabas,
tras mi muerte – querido amor, olvídame,
porque no podrás demostrar que haya nada valioso en mí.
A no ser que inventes alguna mentira piadosa
para hacer más por mí que mis propios méritos
y colgar más alabanzas sobre mi yo extinto
que las que esté dispuesta a contar la verdad mezquina:
oh, para que tu sincero amante no sea mal recordado
y por amor te veas obligado a mentir hablando bien de mí,
que mi nombre sea enterrado junto con mi cuerpo
y que no sobreviva para avergonzarnos ni a mí ni a ti,
porque yo me avergüenzo de mis creaciones
y tú también deberías hacerlo de amar aquello sin valor.

martes, 5 de abril de 2011

Soneto LXXI: no llores más tiempo por mí cuando haya muerto

Emotivo soneto que inicia una serie que se exteiende hasta el 74 sobre la futura muerte del poeta y el recuerdo que le profesará el joven. Le pide que tras su defunción no le llore más de lo necesario para evitar su sufrimiento, que le olvide y no piense más en él. Después del tono tan elevado del poema, parece que los dos últimos versos desentonan, al pedirle Shakespeare al joven que no le recuerde para que no se rían de él. Creo que bajan en cierta medida la intensidad dramática del texto anterior. En cualquier caso, es un soneto triste y hermoso.

                      Soneto LXXI
No llores más tiempo por mí cuando haya muerto
que el que escuches la grosera y plomiza campana
avisando al mundo de que me he marchado
de este mundo vil, para habitar con los más viles gusanos:
no, si lees esta línea, no te acuerdes
de la mano que la escribió; porque te quiero tanto
que prefiero ser olvidado en tus dulces pensamientos,
si el pensar en mí te puede traer tristeza.
Oh, digo, si aciertas a dar con este verso
cuando yo a lo mejor esté confundido con el barro,
ni se te ocurra mi pobre nombre repetir,
deja en cambio que tu amor decaiga con mi vida;
no sea que el sabio mundo escrute tu duelo
y por mi causa, de ti se burle tras haberme ido.

lunes, 4 de abril de 2011

Soneto LXX: el ornamento de la belleza es la sospecha

El poeta defiende al amado de los que le vituperan y quieren empañar su imagen. La conclusión es que si la difamación no le afecta seguirá manteniendo su carisma y conquistando todos los corazones ("If some suspect of ill masked not thy show/Then thou alone kingdoms of hearts shouldst owe").

                     Soneto LXX
El que seas acusado no es un defecto tuyo
pues el blanco de la difamación siempre fueron los apuestos;
El ornamento de la belleza es la sospecha,
un cuervo que vuela en el más dulce aire del cielo.
Así que siendo bueno, la difamación tendrá que reconocer
tu valía superior, mientras eres cortejado por el tiempo;
porque el cancro adora corromper los más dulces capullos
y tu representas una juventud pura sin mácula.
Has atravesado la emboscada de los días juveniles,
bien al no ser atacado, bien por resultar victorioso al ser acusado;
sin embargo, estas alabanzas no son suficientes
para amordazar la envidia que constantemente crece:
si alguna sospecha de mal no enmascara tu apariencia
entonces solamente tú poseerás reinos enteros de corazones.