jueves, 31 de marzo de 2011

Soneto LXIX: a tu bella flor le atribuyen el olor de la mala hierba

Nuevo giro en el culebrón: ahora el poeta, después de lo lacónico de los sonetos anteriores, le reprocha encubiertamente al joven su conducta ("But why thy odour matcheth not thy show/The soil is this, that thou dost common grow"). No sabemos que hizo el efebo, si se dedicó a visitar tabernas, burdeles o ambos, pero parece que Shakespeare consideraba improcedentes las compañías que frecuentaba. En suma, viene a decir que a un ser tan perfecto no le beneficia en nada la gentuza con la que se relaciona.

                           Soneto LXIX
A esas partes de ti que el ojo del mundo contempla
no les falta nada que puedan aportar los pensamientos puros;
todas las lenguas, la voz de las almas, lo reconocen,
expresando la verdad desnuda y hasta tus enemigos lo admiten.
Tu apariencia, por tanto, es coronada con superficial alabanza;
pero esas mismas lenguas que te hacen justicia,
con otros acentos confunden dicha alabanza,
al mirar más allá de lo que muestra la vista.
Escrutan en la belleza de tu mente,
y ésta, por suposición,  la miden por tus actos;
así, groseros, aunque sus ojos sean benévolos, sus opiniones
a tu bella flor le atribuyen el olor de la mala hierba:
pero el porqué de que tu olor no se ajuste a tu apariencia,
la explicación es ésta, que creces entre la vulgaridad.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Soneto LXVIII: su mejilla es el mapa de los días pasados

Este soneto y el anterior combaten la falsificación de la belleza por medio de cosméticos y postizos, tan de moda en la Inglaterra del siglo XVI. Es por tanto una crítica tanto a los usos estéticos de la época como un rechazo pesimista a la época en sí. Lo raro es que Shakespeare se permitiera criticar usos propios de la reina, que luchaba con toda suerte de artificios cosméticos contra su vejez, dado lo próximo que estaba a la corona a través de su actividad teatral. Es cierto lo que dice el poema de que se hacían postizos de las cabelleras de los muertos en la Inglaterra isabelina.

                        Soneto LXVIII
Así, su mejilla es el mapa de los días pasados,
cuando la belleza vivía y moría como ahora las flores,
antes del nacimiento de estos signos bastardos de hermosura
o de que éstos osasen habitar un semblante vivo;
antes de que las doradas trenzas de los muertos,
propiedad de los sepulcros, fuesen esquiladas
para vivir una segunda vez en una segunda cabeza;
antes que la belleza del muerto vellón haga feliz a otro:
en él se ven todas las sagradas horas arcaicas,
sin ornamentación, su esencia y verdad,
no creando un verano del verde ajeno,
ni robando a un viejo para vestir la nueva belleza;
y a él la Naturaleza le atesora como mapa,
para mostrar al falso arte lo que fue la belleza antiguamente.

martes, 29 de marzo de 2011

Soneto LXVII: buscar encubiertamente sombras de rosas

Un nuevo ciclo de sonetos se abre con el 67 cerrándose en el 70. El tema en este caso es la perfección del joven enfrentada a la corrupción y podredumbre del mundo. Estos poemas se cuestionan el porqué de la relación de la belleza del amado con un mundo hipócrita que solamente puede contaminarle y llevarle a la perdición. Según Shakespeare, la naturaleza ya ha gastado todo su poder, está en bancarrota ("now Nature bankrupt is") y se alimenta de grandes obras pasadas, como la belleza del joven.

Este comentario es muy aventurado, pero podría haber un doble sentido en esta línea de sonetos relacionado con la vejez de Isabel I y la preocupación de la nación por su falta de descendencia y el final de la casa Tudor. Más adelante hay alusiones a postizos capilares y al maquillaje excesivo: intentar mantener fresco lo que se marchita. También podría ir en este sentido todo el tema de la carencia de poder de la naturaleza, a la que se acusa de no poder ya crear esplendor y belleza; podría ser una alusión a la decadencia de la corona británica.

            Soneto LXVII
Ah, ¿por qué debería corrupto vivir,
y con su conducta bendecir la impiedad
de forma que por él cobre ventaja el pecado
y se embellezca con su compañía?
¿Por qué deberían las falsas pinturas imitar su mejilla
y robar una apariencia muerta de su vivo color?
¿Por qué la pobre belleza debe buscar encubiertamente
sombras de rosas, cuando su propia rosa es verdadera?
¿Por qué debería vivir, ahora que la Naturaleza está en bancarrota
y carece de sangre para ruborizar las vivas venas? 
Porque ella no tiene ahora más hacienda que él
y, aunque orgullosa de muchos, vive de sus ganancias.
Oh, le atesora a él, para mostrar la riqueza que tuvo
en días ya pasados, anteriores a estos últimos tan malos.


lunes, 28 de marzo de 2011

Soneto LXVI: la carencia de virtud frívolamente ornamentada

Un poema que denuncia la corrupción y la deshonestidad del mundo. El tema del amor y el amado queda en segundo plano y no aparece hasta el último verso.

                   Soneto LXVI
Cansado de todo esto, la reposada muerte imploro,
al contemplar al merecedor nacer pobre,
y a la carencia de virtud frívolamente ornamentada,
y a la fe más pura tristemente traicionada,
y al dorado honor vergonzosamente mal emplazado,
y a la virtud de la doncella rudamente prostituida,
y a la recta perfección malévolamente desacreditada,
y al vigor por coja influencia discapacitado,
y al conocimiento por la autoridad amordazado,
y a la estupidez, que como un doctor, la habilidad restringe,
y a la simple verdad siendo mal llamada simplicidad,
y al bien cautivo sirviendo a malos capitanes:
harto de todo esto, de todo esto me apartaría,
si no fuera porque, si muero, dejo a mi amor solo.

viernes, 25 de marzo de 2011

Soneto LXV: cómo la belleza podría alegar ante fuerza semejante

Cerramos el ciclo iniciado hace dos sonetos sobre la destrucción de la belleza por el paso del tiempo. Parece que la preocupación del poeta ha ido en crescendo porque cada poema es más trágico y desolador que el anterior. Ni la piedra, ni el metal, ni la tierra o el océano pueden aspirar a la inmortalidad. ¿Cómo puede entonces la dulce belleza del joven pretender sobrevivir? Solamente queda una esperanza, la pluma del poeta relatando sus virtudes, haciéndolas trascender el paso de los siglos; sin embargo, y a diferencia de sonetos anteriores como el 18, en éste no se muestra tan seguro de su capacidad para garantizarle la imortalidad a su amado.

                           Soneto LXV
Dado que ni el metal, ni la piedra, ni la tierra, ni el océano ilimitado,
pueden superar en poder a la triste mortalidad,
¿cómo podría la belleza alegar ante furia semejante
si su acción no es más vigorosa que la de una flor?
Oh, ¿cómo podrá el aliento de miel del verano oponerse
al ruinoso asedio del ariete de los días,
si las rocas impregnables no son tan firmes,
ni las puertas de acero tan sólidas que puedan resistir al Tiempo?
¡Oh temible razonamiento! ¿Dónde, por ventura,
se esconderá la mejor joya del Tiempo de la rapiña del Tiempo?
¿O qué vigorosa mano puede retener su rápido pie?
¿O quién puede prohibir su despilfarro de belleza?
Oh, nadie, a no ser que este milagro tenga tal poder
que en tinta negra mi amor continúe resplandeciendo.



jueves, 24 de marzo de 2011

Soneto LXIV: el Tiempo vendrá y se llevará a mi amor

Continúa la descripción de la devastación del paso del tiempo sobre las cosas y las personas. En este caso, a diferencia del soneto anterior, el poeta no plantea el consuelo de la supervivencia de la belleza del joven a través de estos versos. Esta pieza tiene un aire mucho más triste y desolador.

                      Soneto LXIV
Al haber visto desfigurar por la fiera mano del tiempo
el coste ostentoso de una anterior edad enterrada;
cuando a veces veo arrasadas altas torres
y el eterno metal esclavizado por la furia mortal;
cuando he contemplado al voraz océano
ganarle ventaja al reino del litoral,
y la tierra firme ganar sobre el mar abierto,
atesorando con pérdidas, y perdiendo con ganancias;
Cuando he podido ver tales cambios de estado,
o un mismo estado arruinado hasta el declive;
la ruina me ha enseñado a reflexionar esto,
que el Tiempo vendrá y se llevará a mi amor.
Este pensamiento es como una muerte, al no poder
sino llorar por tener aquello que se teme perder.

martes, 22 de marzo de 2011

Soneto LXIII: su belleza se verá en estas líneas negras

Pasada la rabieta de sonetos anteriores, en los que Shakespeare achacaba infidelidad al amado, vuelve la mesura y la templanza. Volvemos sobre el tema del paso del tiempo, sobre la destrucción de la belleza y el fin de la persona, y de cómo el joven será inmortal gracias a los versos del poeta. Si hubiésemos conocido su nombre aun podría haber sido más inmortal, pero el bardo nos lo negó. Este soneto inicia un miniciclo sobre el mismo tema que dura hasta el 65.

                    Soneto LXIII
Para cuando mi amor sea como yo soy ahora,
arrugado y desgastado por la mano injuriosa del Tiempo;
cuando las horas hayan drenado su sangre y recargado su frente
con líneas y arrugas; cuando su juvenil mañana
haya viajado hasta la empinada noche de la edad;
y toda esa belleza sobre la que ahora reina,
vaya desapareciendo, o desapareciendo de la vista,
perdiéndose el tesoro de su primavera;
para cuando llegue ese tiempo yo me fortifico ahora
frente al cruel cuchillo de la edad destructora,
de forma que nunca seccione de la memoria
la dulce belleza de mi amante, aun acabando con su vida:
su belleza se verá en estas líneas negras,
y ellas sobrevivirán, y él en ellas siempre joven vivirá.

lunes, 21 de marzo de 2011

Soneto LXII: a todos sobrepaso en virtudes

Esta pieza es francamente bonita, especialmente por el giro final en el que el poeta, despúes de presumir de su propia belleza, reconoce que está marcado por el paso de la edad y que ha confundíido su hermosura con la del bello joven, con el que se siente una misma persona.

                  Soneto LXII
El pecado del amor propio posee mis ojos,
y toda mi alma, y  todas y cada una de mis partes;
y para este pecado no existe cura,
está enterrado tan profundo en mi corazón,
que pienso que no hay rostro tan gracioso como el mío,
ni figura de mayor porte, ni perfección más valiosa;
y de mi ser yo mismo establezco la valía,
hasta el punto que a todos sobrepaso en virtudes.
Pero cuando mi espejo me muestra mi ser verdadero,
golpeado y marcado por el curtido de la edad avanzada,
interpreto muy al contrario mi propio amor;
que semejante ser se ame a sí mismo sería pecado.
Eres tú (yo mismo) al que alabo al alabarme,
decorando mi edad con la belleza de tus días.  


viernes, 18 de marzo de 2011

Soneto LXI: que tu imagen mantenga abiertos mis párpados

Durante la noche el poeta no puede conciliar el sueño porque la imagen del joven se le aparece en la noche. A lo largo de los ocho primeros versos lo achaca a la voluntad de su amado, que le envía su espíritu para mantenerle despierto, pero en los seis versos siguientes Shakespeare se descubre a sí mismo como causa del desvelo, ya que su amor por el joven y la idea de que puede estar con otros le mantienen en vilo.

                          Soneto LXI
¿Es tu voluntad que tu imagen mantenga abiertos
mis párpados cansados a la fatigosa noche?
¿Deseas acaso que mi descanso sea roto,
mientras sombras de tu porte se burlan ante mis ojos?
¿Es tu espíritu al que tú mismo envías,
tan lejos del hogar, a espiar mis acciones;
el que descubre mi vergüenza y mis horas derrochadas,
y ejecuta el alcance y efecto de tus celos?
¡Oh no! Tu amor, aunque abundante, no es tan grande:
es mi amor el que mantiene mi ojo despierto;
mi propio amor verdadero el que derrota a mi descanso,
para actuar siempre de vigilante por tu interés:
por ti vigilo yo, mientras que tú despiertas en otra parte,
de mí tan lejos, con otros demasiado cerca.   


jueves, 17 de marzo de 2011

Soneto LX: nada resiste la siega de su guadaña

Un soneto de lo más existencial sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte. El amado queda en segundo plano, apenas habla de él en concreto excepto en los dos versos finales.

                         Soneto LX
Así como las olas se dirigen hacia la pedregosa orilla,
nuestros minutos se precipitan hacia el final;
cada uno cambiándose por el que le precede,
en secuenciado esfuerzo contendiendo en el avance.
El nacimiento, antaño a la luz más brillante,
hacia la madurez gatea, donde es coronado
con siniestros eclipses frente a su lucha gloriosa,
y el Tiempo, que concedió, ahora su regalo confunde.
El Tiempo desgarra la perfección puesta en la juventud,
y cava trincheras en el semblante de la belleza;
se alimenta de las rarezas de la verdad de la naturaleza,
y nada resiste la siega de su guadaña:
y aun así, mi verso esperanzado en el tiempo permanecerá
alabando tu valía, a pesar de su mano cruel.



martes, 15 de marzo de 2011

Soneto LIX: si no hubiese nada nuevo

Esta vez Shakespeare ensalza la belleza del joven desde un ángulo más filosófico. Se pregunta si realmente ha exisitido alguien en el pasado tan apuesto como su amante, dado que no existe nada nuevo bajo el sol, pero concluye que los ancestros probablemente exageraron la hermosura de sus contemporáneos y que no ha existido nadie tan bello como el joven.

Como curiosidad, en el inglés antiguo previo a 1700, "the great hundred" era el número 120, así que el verso "five hundred courses of the sun" probablemente hace referencia a 600 años, que algunos autores identifican con el ciclo platónico a partir del cual los hechos comienzan a repetirse de nuevo. Hay que ver las cosas que se aprenden en la Wikipedia...

                   Soneto LIX
Si no hubiese nada nuevo, sólo aquello
que ya existe, ¿cómo pueden engañarse nuestras mentes,
las cuales, trabajando para inventar, no reconocen
la segunda aparición de un vástago anterior?
Oh, si la historia pudiese, echando la vista atrás
incluso quinientas revoluciones del sol,
mostrarme tu imagen en algún vetusto libro,
de cuando las ideas fueron escritas por vez primera,
para poder saber lo que el mundo antiguo dijo
de la maravillosa construcción de tu moldura;
mostrarme si somos superiores o si fueron ellos mejores,
o si las revoluciones del tiempo nos han hecho iguales.
Oh, estoy seguro que los testigos de los días pasados
a sujetos peores han dedicado entusiastas alabanzas.

domingo, 13 de marzo de 2011

Soneto LVIII: la prisión a la que me somete tu ausencia

Esta pieza sigue la tendencia de la anterior. El poeta aparentemente se humilla ante el amado y le jura vasallaje aunque le ignore y traicione. Reconoce el derecho del joven a buscar placer en otros brazos a pesar de que para Shakespeare sólo la idea de ello suponga un infierno. Otra lectura del soneto podría concluir que realmente lo que hace es reprocharle con ironía su comportamiento.

                         Soneto LVIII
¡Aquel dios, el que me convirtió en tu esclavo, me prohibió
que pensase en controlar tus momentos de placer
o solicitarte justificación de sus horas,
al ser tu vasallo y estar obligado a asistir tus deseos!
Oh, déjame sufrir, estando a tus órdenes,
la prisión a la que me somete tu ausencia,
y mi paciencia, domada para sufrir, aguantará toda carencia,
sin verter sobre ti acusaciones de injurias.
Ve a donde gustes, tu potestad es tan poderosa
que puedes gozar privilegiadamente de tu tiempo
para hacer tu deseo; sólo a ti te pertenece
la capacidad para perdonarte por el crimen cometido.
Yo debo esperar, aunque esperar sea un infierno,
y no reprochar tu placer, sea malvado o bueno.


jueves, 10 de marzo de 2011

Soneto LVII: siendo tu esclavo qué podría hacer sino servirte

Connotaciones masoquistas tiene este soneto; Shakespeare se humilla ante un amante que le ignora y le abandona y se muestra fiel a pesar de todo, justificando su insignificancia ante la grandeza del joven y describiéndose como un esclavo suyo. Pero el poema podría tener otra lectura, que sea una reacción de rebelde amargura y un desquite irónico ante una ofensa sufrida por el poeta.

                         Soneto LVII
Siendo tu esclavo, ¿que podría hacer sino servirte
en el tiempo y las horas de tu deseo?
No dispongo de un tiempo precioso que gastar,
ni servicios que prestar, hasta que tú lo requieras,
ni osaré criticar el tiempo sin límite del mundo,
mientras, mi soberano, yo escruto el reloj por ti,
ni pienso en la amargura de la agria ausencia,
cuando has despachado a tu sirviente con un adiós definitivo;
ni me atrevo a cuestionar con mi celoso pensamiento
dónde te encontrarás, o tus asuntos imaginar,
sino, como un triste esclavo, me quedo y no pienso,
salvo, allá donde estés, lo felices que les harás.
Tan absolutamente loco es el amor que, por devoción a ti,
a pesar de lo que hagas, nunca pensará mal.



miércoles, 9 de marzo de 2011

LVI: deja que este triste interludio como el océano sea

Otro soneto sobre la separación física (o sentimental, no sabemos), en un tono muy cariñoso y melancólico. Se insta al joven a que renueve energías de amor,  y se establecen comparaciones con las costas separadas por el mar o con el invierno, que acelera el deseo de la venida del verano (As call it winter, which being full of care, Makes summer's welcome, thrice more wished, more rare), para simbolizar la distancia entre los amantes.

                                       Soneto LVI
Dulce amor, renueva tu energía: que no se diga
que el filo de tu apetito puede ser embotado,
el que hasta ahora es calmado con alimento,
y que mañana deba ser afilado hasta su fuerza anterior:
así que, amor, se tú mismo, aunque hoy llenes
tus ojos hambrientos, hasta que parpadean de plenitud,
mañana mira de nuevo y no masacres
el espíritu del amor con una frialdad perpetua.
Deja que este triste interludio como el océano sea,
que parte la costa, donde dos recién comprometidos
acuden a diario a las orillas, y que cuando ven
el retorno del amado, la vista más gloriosa es;
o llámale invierno, en donde, al haber mayor tribulación,
aumenta el deseo de la venida del verano, y la hace más valiosa.


lunes, 7 de marzo de 2011

Soneto LV: ni los dorados monumentos de los príncipes sobrevivirán

Ya hemos visto sonetos que como éste defienden el poder de la palabra escrita para que la belleza del joven supere la muerte y el paso del tiempo. Aunque en otras piezas Shakespeare se muestra humilde, en este tipo de poemas se puede ver lo seguro que estaba de la calidad de su pluma y la magnitud de su obra.

                        Soneto LV
Ni el mármol, ni los dorados monumentos
de los príncipes sobrevivirán a esta poderosa rima;
pero tú brillarás con más fuerza en estos versos
que la piedra abandonada, ensuciada por el lascivo tiempo.
Cuando la guerra devastadora las estatuas vuelque,
y los tumultos socaven los trabajos de construcción,
ni la espada de Marte, ni el vivo fuego de la guerra,
quemarán el registro vivo de tu memoria.
Frente a la muerte y la enemistad del olvido
tu avanzarás; tu alabanza encontrará aún lugar
incluso a los ojos de toda posteridad
que conduce este mundo hacia el destino último.
Así que, hasta el juicio final que te levante,
vives en esto y habitas en los ojos de los amantes. 

jueves, 3 de marzo de 2011

Soneto LIV: cuánto más hermosa tu belleza parece

En este caso, se compara al joven con una rosa, como en el Soneto I. Es una imagen de la verdadera belleza, la interior, frente a la aparente. El tema de la inmortalidad de la belleza del joven a través de la pluma del poeta también ha aparecido mucho anteriormente.


                          Soneto LIV
¡Oh, cuánto más hermosa tu belleza parece
gracias a ese dulce ornamento que aporta la verdad!
La rosa se muestra bella, pero más bella la consideramos
por esa dulce esencia que en ella reside.
Los escaramujos presentan una tonalidad tan viva
como la perfumada tintura de las rosas,
exhiben semejantes espinas y juguetean igualmente libres
cuando el aliento del verano abre sus enmascarados brotes:
pero, como su virtud se limita a la apariencia,
viven sin recibir cortejo y se marchitan inadvertidos;
mueren en soledad. Con las dulces rosas no sucede;
de sus dulces muertes se extraen dulces esencias:
y lo mismo contigo, hermoso y adorable joven,
cuando la belleza desaparezca, mi verso destilará tu verdad.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Soneto LIII: qué millones de sombras se ciernen sobre ti

Shakespeare entra en el terreno de la metafísica neoplatónica; la realidad la constituyen las ideas, la esencia, y el mundo aparente lo constituyen las sombras de esas formas ideales, que es lo que vemos, y con lo que nos relacionamos. Solamente la mente puede percibir la verdadera esencia de las cosas. El joven es esencia que emana belleza al mundo de las apariencias ( de las sombras).

Una de las tradiciones del soneto isabelino es el perdonar al/la amante. El poeta parece que ha olvidado la supuesta infidelidad del joven de la que sospechaba en sonetos precedentes.

                         Soneto LIII
¿Cuál es tu esencia, de la que estás hecho,
qué millones de extrañas sombras se ciernen sobre ti?
Mientras que cada uno no tiene más que una sombra,
y tú, excepto una, puedes toda sombra prestar.
Describamos a Adonis, y su retrato,
que es una pobre imitación de ti.
En la mejilla de Helena se asentaba todo el arte de la belleza,
y tú en atuendo griego lo representas de nuevo:
hablemos de la primavera, y de la época abundancia del año, 
la primera no muestra más que la sombra de tu belleza,
la otra es representación de tu prodigalidad;
y tú, en cada bendita forma que conocemos.
En toda gracia externa tienes alguna parte,
pero tú como ninguno, y ninguno como tú, tienes un corazón constante.

martes, 1 de marzo de 2011

Soneto LII: las fiestas tan solemnes y tan infrecuentes

Otro de los sonetos de la separación entre los amantes. Shakespeare se muestra muy triste y melancólico, mientras se consuela con la idea de que el amor por el joven es algo tan valioso que lo guarda como un tesoro, cerrado bajo llave, para ser utilizado esporádicamente en ocasiones especiales. Probablemente, y dada la desolación que expresa, la relación no pasaba por buenos momentos, además de sufrir la separación física. No sé por qué me da que el joven era algo casquivano y voluble, pero es sólo una percepción mía.

                                      Soneto LII
Tal soy como el rico, cuya bendita llave
le puede conducir a su dulce tesoro encerrado,
al cual no accederá a todas horas,
para no embotar la fina punta del placer esporádico.
Por eso son las fiestas tan solemnes y tan infrecuentes,
puesto que, al no abundar en el largo conjunto del año,
como piedras preciosas, son depositadas con cuidado,
o como mejores joyas fijadas en un colgante.
Así es el tiempo que te guarda como mi arcón,
o como el vestidor que mi capa oculta,
para especialmente bendecir algún instante especial,
al nuevamente desdoblar su preso orgullo.
Bendito eres tú, cuya valía concede la potestad,
si se tiene, para triunfar, si no se tiene, para tener esperanza.