viernes, 7 de octubre de 2011

Soneto: CXLVIII: los ojos del amor no son tan fiables como los de los hombres

Continúa el poeta debatiéndose entre lo que le dicta su corazón, su pasión por la Dama Oscura, y lo que recomiendan la razón y los sentidos.


                    Soneto CXLVIII
¡ Ay de mí! ¿Qué ojos ha puesto Amor en mi cabeza

que no son fieles a la visión verdadera,
o, si lo son, a dónde ha huido mi juicio
que falsamente censura lo que ellos perciben correctamente?
¿Si es hermoso lo que mis falsos ojos adoran,
por qué se empeña el mundo en decir que no es así?
Si no es así, entonces mi amor bien demuestra
que los ojos del amor no son tan fiables como los de los hombres: no,
¿cómo habrían de serlo? Oh, ¿cómo podría ser fiel la visión de Amor
cuando está tan irritada por la vista y por las lágrimas?
No es raro entonces que yo confunda lo que veo;
el mismísimo sol no ve hasta que se aclara el cielo.
¡Oh Amor engañoso! Con lágrimas me mantienes a ciegas
para que los ojos de buena vista tus sucias faltas no descubran.

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