viernes, 16 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIV: yo mismo estoy hipotecado con tu deseo

El tema es es mismo del soneto anterior, los devaneos amorosos entre la Dama Oscura, Shakespeare y el joven. Es curioso el uso de terminología legal (hipotecas, derecho, endeudamiento) en un poema de amor, aunque según sus biógrafos, Shakespeare estaba bastante versado en el tema por distintas demandas y pleitos a los que se enfrentó a lo largo de su vida.


              Soneto CXXXIV
Ahora que he confesado que él es tuyo
y que yo mismo estoy hipotecado con tu deseo,
cedo mis derechos de forma que mi otro yo
me sea restituido para que siempre me reconforte:
pero no lo harás, ni el deseará ser liberado,
porque tú eres avariciosa y él es generoso;
aprendió a, como si fuera yo, firmar en mi nombre,
aceptando un compromiso que le ata estrechamente.
El derecho que te confiere tu belleza ejercerás,
usurera,  aquel que a todos prestas,
y demandarás a un amigo que se endeudo por mí;
de esta forma le pierdo por mi proceder desagradecido.
A él le he perdido; tú nos tienes tanto a él como a mí:
él paga toda la deuda y sin embargo yo no soy libre.

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