jueves, 15 de septiembre de 2011

Soneto CXXXIII: también debe ser esclavizado mi dulce amigo

El tema se vuelve farragoso. Parece ser que la Dama Oscura, además de a Shakespeare, también ha seducido al joven de los sonetos precedentes. El poeta le pide que le libere del tormento, dado que ya le tortura a él, y se queja de la triple pérdida: de su amada, de su amigo y de sí mismo, pues ella le ha robado el corazón.


                 Soneto CXXXIII
¡Maldito sea el corazón que hace al mío quejarse
por esa profunda herida que nos inflige a mi amigo y a mí!
¿No es suficiente con torturarme solamente a mí,
que también debe ser esclavizado mi dulce amigo?
Tu ojo cruel de mí mismo me ha arrancado
y de mi ser más próximo más duramente te has incautado:
de él, de mí mismo y de ti he sido privado;
un tormento triplicado que debo soportar.
Aprisiona mi corazón bajo la guardia de tu pecho de acero
pero deja que mi pobre corazón responda del de mi amigo;
quienquiera que me encierre, deja que le defienda mi corazón;
no podrás entonces ser severa con mi encierro:
y sin embargo lo serás, porque al ser tu prisionero,
por fuerza soy tuyo, y también todo lo que hay en mí.  

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