martes, 6 de septiembre de 2011

Soneto CXXVI: con tu poder detienes el espejo cambiante del Tiempo

Precioso este soneto de despedida del joven, que nos abandona envuelto en la misma bruma de misterio con la que llegó. Este poema cierra el ciclo dedicado al bello joven y parece una recapitulación de temas que Shakespeare ha abordado anteriormente, en concreto, la supervivencia de la belleza al paso del tiempo. Sin embargo, por primera vez introduce una variante: el aviso de que algún día finalmente esa belleza se verá marchitada. ¿Será un último consejo de despedida hacia su amante, de un hombre maduro a un joven? En cualquier caso es enternecedor el cariño y la tristeza que destila. 

Por cierto, es el único soneto que solamente tiene 12 versos en vez de los acostumbrados 14. Es sustitución de los dos últimos versos Shakespeare colocó unos enigmáticos paréntesis.

                Soneto CXXVI
Oh tú, mi querido niño, que con tu poder detienes
el espejo cambiante del Tiempo, la hora de su guadaña,
tú que menguando creces, mostrando con ello
el marchitarse de tus amantes, mientras crece tu dulce ser.
Si la Naturaleza, soberana señora de la ruina,
mientras avanzas continuamente te retiene,
de esta forma te preserva con el fin de que su habilidad
pueda frenar el tiempo y matar los miserables minutos.
¡Sin embargo témela, Oh siervo de su placer! 
Puede frenar el tiempo pero no retener su tesoro para siempre:
sus cuentas (aunque pospuestas) deben ser presentadas,
y el pago de su deuda es el entregarte.
(                                                      )
(                                                      )


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