viernes, 9 de septiembre de 2011

Soneto CXXIX: el cielo que conduce a los hombres a este infierno

Este soneto tiene como objeto la lujuria, aunque no sabemos si el poeta habla en primera persona de su experiencia o si por el contrario es un análisis distante del tema. Se podría resumir en el refrán que dice siempre mi amigo Nacho Morales: "Amor de puta y vino de frasco: por la noche gusta y por la mañana da asco".

                         Soneto CXXIX
El derroche de vitalidad en un páramo de ignominia
es la lujuria en acción, y hasta que alcanza su objetivo, la lujuria
es perjura, asesina, sangrienta, plena de culpa,
salvaje, extrema, ruda, cruel, no de fiar;
tan pronto como se ha gozado se odia;
perseguida más allá de la razón, y en cuanto se obtiene,
odiada más allá de la razón, como el cebo ingerido
puesto a propósito para enloquecer al que lo traga.
Enloqueciendo en la persecución y también en la posesión;
extrema después, durante y en la persecución;
la gloria cuando se prueba, y una vez probado, un auténtico dolor;
antes, una propuesta de gozo; después, un sueño.
Todo esto bien lo sabe todo el mundo; sin embargo nadie sabe
como evitar el cielo que conduce a los hombres a este infierno.

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