martes, 23 de agosto de 2011

Soneto CXVI: amor es la estrella para todo navío errante

Este soneto, que es bastante popular, siempre ha sido considerado como un himno al amor ideal y eterno, una lectura más contextualizada del mismo una corriente subversiva que subyace entre sus versos. Por una parte, está situado detrás de una miniserie que se dedica a analizar cómo el amor engaña a los sentidos y precede a otro grupo de sonetos que tratan la infidelidad. Desde esta perspectiva, el amor es algo que se mantiene a flote a pesar de las distintas vicisitudes: de acuerdo con los dos últimos versos, la negación de esto supone negar la existencia del amor en sí.

Existe además el factor de lo irregular de una relación entre dos hombre en la Inglaterra isabelina. Aunque Shakespeare habla del "matrimonio de las mentes fieles" (marriage of true minds), realmente se está cuestionando si las creencias y costumbres de una época deben condicionar ese amor, por lo que quizá se está refiriendo a un matrimonio real entre dos hombres, un amor que nada debe alterar. Una explicación arriesgada pero a tener en cuenta.

                    Soneto CXVI
Que no se me permita admitir impedimentos
al matrimonio de las mentes fieles. No es amor
aquel que cambia cuando encuentra cambios,
o el que se tuerce junto con la sustitución de lo amado:
¡Oh no! Es una señalización perenne,
que enfrenta tempestades y nunca es alterada;
es la estrella para todo navío errante,
cuya esencia es desconocida, aunque su elevación es medible.
El amor no es el bufón del Tiempo, aunque las mejillas y labios rosados
caen bajo el arco descrito por su curvada guadaña;
el amor no se altera durante sus breves horas y semanas
sino que continúa fiel hasta el mismísimo borde de la muerte.
Si esto es un error y así me es demostrado entonces
nunca habré escrito nada y jamás ningún hombre habrá amado.

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