miércoles, 29 de junio de 2011

Soneto CXIII: desde que te dejé mi vista reside en mi mente

Soneto especialmente bonito el 113, en el que Shakespeare le confiesa al joven lo mucho que le echa de menos expresando que es ajeno a cualquier percepción pues todas le recuerdan a su amante. Ya no ve con sus ojos sino con el recuerdo de su amor. Sublime.

                     Soneto CXIII
Desde que te dejé mi vista reside en mi mente,
y aquello que gobierna mis movimientos
ha cesado en su función y está parcialmente ciego,
aparenta ver pero en la práctica está apagado;
porque no entrega ninguna imagen al corazón
ni de pájaro, de flor o de forma alguna que atrapa:
la mente no comparte su percepción de los objetos
ni su propia visión retiene aquello que agarra;
porque aunque contemple la vista más ruda o la más suave,
los rasgos más dulces o la criatura más deforme,
la montaña o el mar, el día o la noche,
el cuervo o la paloma, los modela a tu imagen y semejanza:
incapaz de nada más, pleno de ti,
mi mente fiel falsifica mis ojos.

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