martes, 28 de junio de 2011

Soneto CXII: todo el mundo aparte se me antoja muerto

Sigue el poeta demostrando su devoción por su joven amante hasta el punto de que en este caso parece expresar idolatría y fervor religioso por él. Algunos consideran que este tipo de sonetos navegan entre la humorada y la blasfemia.

               Soneto CXII
Tu amor y piedad llenan el hueco
que el escándalo del vulgo imprimió en mi frente;
porque ¿qué me importa que se hable bien o mal de mí,
cuando tú reverdeces mi mal y reconoces mis bondades?
Tú eres el mundo para mí y yo debo esforzarme
por conocer de tu lengua mis defectos y virtudes;
no existe nadie más para mí, ni yo existo para nadie,
de forma que mi férrea resolución o cambia el bien o el mal.
A tan profundo abismo arrojo mi consideración
sobre las opiniones de otros, que mi oído, como el de la víbora,
está bloqueado tanto ante el crítico como ante el adulador.
Observa cómo funciona mi renuncia:
estás tan arraigado en mi comportamiento
que todo el mundo aparte se me antoja muerto.

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