lunes, 27 de junio de 2011

Soneto CXI: ten piedad de mí y desea que sea renovado

Shakespeare continúa humillándose y pidiendo perdón por una falta que no sabemos cuál es. En este caso va más allá y refiere infecciones y curas, por lo que podemos deducir que ha cogido alguna enfermedad de transmisión sexual, probablemente en un burdel. En el pecado está la penitencia, se podría decir. Resulta curioso que culpa a la Fortuna de su comportamiento, dado que ella le ha destinado una baja extracción social de nacimiento.

                   Soneto CXI
Oh, por mi bien, arremete contra Fortuna,
la diosa culpable de mis actos dañinos,
que no me proveyó mejor en la vida
más que con medios bajos, que crían bajos modales.
Es por ello que mi nombre recibe una mancha
y que mi naturaleza resulta subyugada
por aquello que maneja, como las manos de un tintador:
ten piedad de mí y desea que sea renovado
mientras, como un paciente deseoso, beberé
pociones de vinagre para curar mi fuerte infección;
nada por amargo que sea lo consideraré amargo,
ni siquiera un castigo doble para enmendar la enmienda.
Ten piedad de mí pues, querido amigo, y te aseguro
que sólo tu piedad bastará para curarme.

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