jueves, 16 de junio de 2011

Soneto CVII: la paz anuncia la longevidad de los olivos

Es curisoso. Este soneto, a juicio de algunos expertos, hace alusión a la muerte de Isabel I y al fin de la dinastía Tudor. Y digo que es curioso porque hace muchos años publiqué un artículo hablando de las obras de Shakespeare que tienen lugar en el siglo XV y en su importancia como herramientas políticas de la Casa Real británica. Por supuesto, la teoría que subyace en el artículo no se me ocurrió a mí, pero creo que la tesis se sostiene en la revista, que se puede consultar aquí. En este poema, a través de metáforas e imágenes, parece predecir el fin de una época y el principio incierto de otra, todo ello asociado a la persistencia en el tiempo de Shakespeare y de su amante a través de su obra.

                   Soneto CVII
Ni mis propios miedos, ni el alma profética

del ancho mundo, que sueña las cosas por venir,
pueden controlar las condiciones de mi verdadero amor, 
imponiendo como castigo un destino severo.
La mortal luna sobrevivió al eclipse
y los tristes augures se burlan de sus propios presagios;
ahora las incertidumbres son coronadas como hechos
y la paz anuncia la longevidad de los olivos.
Ahora, con las gotas de este tiempo tan suave
mi amor se muestra fresco y la muerte se me rinde,
pues, a pesar de ella, viviré en estas pobres rimas,
mientras ella pisotea a tribus iletradas y grises:
y tú en esto tendrás tu monumento cuando
los blasones de los tiranos y las tumbas de latón hayan desaparecido.

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