lunes, 20 de junio de 2011

Soneto CVIII: encontrando la primera manifestación creada del amor

El poeta se pregunta si puede añadir algo nuevo a todo aquello que ya ha escrito sobre el joven. Aunque las frases ya han sido utilizadas, para Shakespeare merece la pena seguir escribiendo sobre su amante para luchar contra el tiempo y el olvido, y para mantener viva la llama del primer amor. Como anécdota, 108 era el número de sonetos que incluía la colección de Sidney Astrophel and Stella, publicada a título póstumo en 1591, pero que había circulado de mano en mano durante once años, convirtiéndose en influencia y patrón para los poetas  ingleses de la época. Quizá por ello Shakespeare hace recapitulación y examen de su obra en este soneto en particular.

                        Soneto CVIII
¿Qué hay en el cerebro, que pueda plasmar la tinta,
que no haya descrito para ti mi fiel espíritu?
¿Qué se puede contar de nuevo, qué de nuevo registrar,
que pueda expresar mi amor, o tus adorables méritos?
Nada, dulce niño; y sin embargo como las divinas oraciones,
debo cada día recitar exactamente lo mismo,
sin tratar las expresiones que son viejas como tales, tú mío, yo tuyo,
tal y como cuando empecé a venerar tu hermoso nombre.
Para que el amor eterno en el fresco envoltorio del amor
no sea lastrado por el polvo y el daño del paso del tiempo;
y que no de lugar a las inevitables arrugas,
sino que convierta a la antigüedad en su paje para siempre;
encontrando la primera manifestación creada del amor,
allá donde el tiempo y la apariencia la mostrarían muerta.

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