jueves, 26 de mayo de 2011

Soneto XCVII: estando tú fuera hasta los pájaros enmudecen

Precioso este soneto, que abre una pequeña serie de tres sobre la ausencia y la separación. El autor establece una comparación muy visual entre el invierno (la separación de su amante) y la primavera-otoño (épocas frutíferas), en que está con él. A pesar de la tempestad que hemos podido leer en sonetos recientes, ahora el tono es calmado e incluso cálido, incluso en el invierno que supone la ausencia del joven, lo que nos puede convencer de que se volvieron a juntar.

                         Soneto XCVII
¡Cuán parecida al invierno ha sido mi separación
de tu persona, que es el placer del año fugaz!
¡Qué heladas he sentido, qué días oscuros visto,
qué desnudez del viejo diciembre en todas partes!
Y sin embargo, esta época reciente fue tiempo de verano;
el fructífero otoño, imponente con rica progenie,
portando la disipada carga de la primavera,
como el útero de una viuda tras la muerte del marido:
pero esta abundante estación no me pareció más
que la esperanza de los huérfanos y del fruto sin padre;
porque el verano y sus placeres te sirven a ti,
y, estando tú fuera, hasta los pájaros enmudecen:
y si acaso cantan, es con un lamento tan triste
que hace que palidezcan las hojas, temiendo la cercanía del invierno.

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