martes, 24 de mayo de 2011

Soneto XCVI: a cuántos admiradores podrías engatusar si llegases a utilizar toda la fuerza de tu poder

Finaliza aquí la miniserie de sonetos (del 91 al 96) en los que el poeta recrimina a su joven amante. A pesar de los elogios, las puyas son evidentes, aunque quizá más leves que en los anteriores. Shakespeare se ha diatanciado algo de la situación, observándola como si fuera una tercera persona. Le pide a su maravilloso amante que no haga un uso desmesurado de sus encantos, que mantenga un control sobre su poder de seducción. No quiere que el joven adquiera fama de casquivano y que eso le afecte a él, lo que nos indica que vuelven a estar unidos al volverse a sentir uno con su amante.
                                      Soneto XCVI
Algunos dicen que tu defecto es la juventud, otros que el libertinaje;
algunos dicen que tu gracia es la juventud y el deporte elegante;
tanto tu gracia como tus defectos admiran a nobles y a menos nobles:
conviertes tus defectos en las gracias que residen en ti.
Al igual que en el dedo de una reina entronizada
la joya más humilde goza de una alta admiración,
de igual manera aquellos errores tuyos se ven
traducidos a verdades y por verdades son tenidos.
¡A cuántas ovejas podría traicionar el fiero lobo
si pudiese cambiar su apariencia en oveja!
¡A cuántos admiradores podrías engatusar
si llegases a utilizar toda la fuerza de tu poder!
Pero no hagas eso; te amo de tal manera
que, al ser tú mío, mía es tu buena fama.

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