miércoles, 18 de mayo de 2011

Soneto XCIII: la historia de la falsedad de corazón está escrita en los estados de ánimo

Siguen las dudas de poemas anteriores sobre la fidelidad del joven. En este caso, Shakespeare se pregunta cómo alguien puede ser otro del que representa ser, y traicionarle, como piensa que hace su amante. Le sigue alabando y ensalzando como siempre, pero la puntilla retórica se la clava bien.

            Soneto XCIII
Así viviré, suponiendo que eres fiel,
como un marido engañado; para que el rostro del amor
todavía me parezca amor, aunque haya sido alterado;
tus miradas conmigo, tu corazón en otro lugar:
porque tus ojos no pueden albergar el odio,
y en consecuencia en eso no puedo percibir tu cambio.
En las miradas de muchos, la historia de la falsedad de corazón
está escrita en los estados de ánimo, las muecas y los ceños extraños.
Pero el Cielo, cuando te  creó, decretó
que el dulce amor siempre morase en tu semblante;
cuales sean tus pensamientos y las maquinaciones de tu corazón
tus miradas no proceden de allí y sólo transmiten dulzura.
¡Tu belleza crece como la manzana de Eva
si tu dulce virtud no se corresponde con la apariencia!

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