martes, 3 de mayo de 2011

Soneto LXXXIV: dejadle copiar lo que está escrito en ti

Continúa el tema de los poetas rivales que alaban al joven en su obra. Shakespeare defiende que, dado que las virtudes del joven equivalen a la perfección, las letras no pueden aportar nada más de lo que ya reside en él.

                   Soneto LXXXIV
¿Quién puede decir más? ¿Qué puede decir más
que esta rica alabanza que eres tú mismo,
en cuyos confines amurallados se almacena
lo que debería ser ejemplo para crearte un igual?
   Flaca penuria habita dentro de aquella pluma
que a su tema no confiere alguna pequeña gloria;
pero aquel que escribe sobre ti, si consigue expresar
que tú eres tú, de esa manera dignifica su relato.
Dejadle únicamente copiar lo que está escrito en ti,
sin empeorar lo que la naturaleza hizo tan claro,
y semejante réplica creará la fama de su genio,
provocando que su estilo sea admirado en todas partes.
Tú mismo ensombreces tus bellas virtudes
al disfrutar de las alabanzas, y éstas así se empobrecen.

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