jueves, 28 de abril de 2011

Soneto LXXXIII: no me propuse embellecerte

Bonito poema en el que Shakespeare se defiende de sus rivales argumentando que el joven no necesita elogios pues su belleza excede cualquier halago literario. Interesante el que por primera vez mencione a dos contendientes por el amor del joven, pues no sabíamos cuántos eran (Than both your poets can in praise devise).


                  Soneto LXXXIII
Nunca consideré que necesitases embellecimiento
y por tanto no me propuse embellecerte;
descubrí, o pensé que descubrí, que excedías
la estéril oferta de la deuda del poeta:
y es por ello que he evitado describirte,
para que tú mismo, en vida, puedas mejor mostrar
lo mucho que una pluma moderna se queda corta
al hablar de la valía, la valía que crece en ti.
Me imputaste como pecado este silencio,
que más bien será mi gloria, el estar mudo;
pues permaneciendo callado no rivalizo con la belleza,
mientras que otros ofrecen vida y producen una tumba.
Hay mucha más vida en uno de tus bellos ojos
de la que pueden ingeniar con alabanzas tus dos poetas.

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