miércoles, 27 de abril de 2011

Soneto LXXXII: aquellos forzados artificios que presta la retórica

En este caso, el poeta achaca a sus competidores en las alabanzas del joven un exceso de artificio y retórica. Él defiende que la belleza del joven es mejor definida con palabras sencillas.

              Soneto LXXXII
Te garantizo que no estás casado con mi Musa,
y que por tanto puedes mirar sin vergüenza
las palabras que utilizan los escritores dedicadas
a su hermoso tema, y bendecir cada libro. 
Tú eres tan bello interiormente como en apariencia,
y descubro que el límite de tu valía excede mi alabanza,
así que estás obligado a buscar de nuevo
alguna estampa más fresca de los mejores tiempos.
Y hazlo, amor; pero cuando hayan inventado
aquellos forzados artificios que presta la retórica,
tú, que eres realmente hermoso, serás mejor retratado,
con sencillas palabras, por tu sincero amigo;
y sus exagerados retratos serán mejor utilizados
allí donde las mejillas necesitan sangre; en ti son un exceso.

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