martes, 26 de abril de 2011

Soneto LXXXI: la muerte no podrá llevarse de aquí tu recuerdo

Un soneto de los que prevén el triunfo del estilo y la calidad literaria sobre la muerte. Ya he hemos visto de éstos anteriormente (el 49, el 63 y el 77), pero el presente tiene un especial significado porque se encuentra inmerso en un ciclo en el que el poeta se humilla ante el joven frente a un rival o escritores rivales  que también le cortejan con su pluma. Pero en este caso Shakespeare se erige con todo su orgullo y confianza en su excelencia para defender que sus versos serán el monumento del joven en el futuro, que le harán sobrevivir a la muerte y ser recordado en la posteridad (Your monument shall be my gentle verse, Which eyes not yet created shall o'er-read).

                  Soneto LXXXI
Tanto si vivo para componer tu epitafio,
como si tú sobrevives cuando yo esté podrido en la tierra,
la muerte no podrá llevarse de aquí tu recuerdo,
aunque cada parte de mí será olvidada.
Desde ahora tu nombre tendrá vida inmortal,
aunque yo, cuando haya desaparecido, moriré para el mundo:
la tierra solamente me puede ofrecer una tumba común,
mientras que tú reposarás sepultado en los ojos de los hombres.
Tu monumento será mi suave verso,
que será releído por ojos aún no creados;
y las lenguas que serán tu ser recrearán,
cuando todos los que respiran de este mundo estén muertos;
tu seguirás vivo, tal virtud posee mi pluma,
donde se siga respirando, incluso en las bocas de los hombres.

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