martes, 22 de marzo de 2011

Soneto LXIII: su belleza se verá en estas líneas negras

Pasada la rabieta de sonetos anteriores, en los que Shakespeare achacaba infidelidad al amado, vuelve la mesura y la templanza. Volvemos sobre el tema del paso del tiempo, sobre la destrucción de la belleza y el fin de la persona, y de cómo el joven será inmortal gracias a los versos del poeta. Si hubiésemos conocido su nombre aun podría haber sido más inmortal, pero el bardo nos lo negó. Este soneto inicia un miniciclo sobre el mismo tema que dura hasta el 65.

                    Soneto LXIII
Para cuando mi amor sea como yo soy ahora,
arrugado y desgastado por la mano injuriosa del Tiempo;
cuando las horas hayan drenado su sangre y recargado su frente
con líneas y arrugas; cuando su juvenil mañana
haya viajado hasta la empinada noche de la edad;
y toda esa belleza sobre la que ahora reina,
vaya desapareciendo, o desapareciendo de la vista,
perdiéndose el tesoro de su primavera;
para cuando llegue ese tiempo yo me fortifico ahora
frente al cruel cuchillo de la edad destructora,
de forma que nunca seccione de la memoria
la dulce belleza de mi amante, aun acabando con su vida:
su belleza se verá en estas líneas negras,
y ellas sobrevivirán, y él en ellas siempre joven vivirá.

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