lunes, 21 de marzo de 2011

Soneto LXII: a todos sobrepaso en virtudes

Esta pieza es francamente bonita, especialmente por el giro final en el que el poeta, despúes de presumir de su propia belleza, reconoce que está marcado por el paso de la edad y que ha confundíido su hermosura con la del bello joven, con el que se siente una misma persona.

                  Soneto LXII
El pecado del amor propio posee mis ojos,
y toda mi alma, y  todas y cada una de mis partes;
y para este pecado no existe cura,
está enterrado tan profundo en mi corazón,
que pienso que no hay rostro tan gracioso como el mío,
ni figura de mayor porte, ni perfección más valiosa;
y de mi ser yo mismo establezco la valía,
hasta el punto que a todos sobrepaso en virtudes.
Pero cuando mi espejo me muestra mi ser verdadero,
golpeado y marcado por el curtido de la edad avanzada,
interpreto muy al contrario mi propio amor;
que semejante ser se ame a sí mismo sería pecado.
Eres tú (yo mismo) al que alabo al alabarme,
decorando mi edad con la belleza de tus días.  


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