viernes, 18 de marzo de 2011

Soneto LXI: que tu imagen mantenga abiertos mis párpados

Durante la noche el poeta no puede conciliar el sueño porque la imagen del joven se le aparece en la noche. A lo largo de los ocho primeros versos lo achaca a la voluntad de su amado, que le envía su espíritu para mantenerle despierto, pero en los seis versos siguientes Shakespeare se descubre a sí mismo como causa del desvelo, ya que su amor por el joven y la idea de que puede estar con otros le mantienen en vilo.

                          Soneto LXI
¿Es tu voluntad que tu imagen mantenga abiertos
mis párpados cansados a la fatigosa noche?
¿Deseas acaso que mi descanso sea roto,
mientras sombras de tu porte se burlan ante mis ojos?
¿Es tu espíritu al que tú mismo envías,
tan lejos del hogar, a espiar mis acciones;
el que descubre mi vergüenza y mis horas derrochadas,
y ejecuta el alcance y efecto de tus celos?
¡Oh no! Tu amor, aunque abundante, no es tan grande:
es mi amor el que mantiene mi ojo despierto;
mi propio amor verdadero el que derrota a mi descanso,
para actuar siempre de vigilante por tu interés:
por ti vigilo yo, mientras que tú despiertas en otra parte,
de mí tan lejos, con otros demasiado cerca.   


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