jueves, 17 de marzo de 2011

Soneto LX: nada resiste la siega de su guadaña

Un soneto de lo más existencial sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte. El amado queda en segundo plano, apenas habla de él en concreto excepto en los dos versos finales.

                         Soneto LX
Así como las olas se dirigen hacia la pedregosa orilla,
nuestros minutos se precipitan hacia el final;
cada uno cambiándose por el que le precede,
en secuenciado esfuerzo contendiendo en el avance.
El nacimiento, antaño a la luz más brillante,
hacia la madurez gatea, donde es coronado
con siniestros eclipses frente a su lucha gloriosa,
y el Tiempo, que concedió, ahora su regalo confunde.
El Tiempo desgarra la perfección puesta en la juventud,
y cava trincheras en el semblante de la belleza;
se alimenta de las rarezas de la verdad de la naturaleza,
y nada resiste la siega de su guadaña:
y aun así, mi verso esperanzado en el tiempo permanecerá
alabando tu valía, a pesar de su mano cruel.



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