miércoles, 2 de marzo de 2011

Soneto LIII: qué millones de sombras se ciernen sobre ti

Shakespeare entra en el terreno de la metafísica neoplatónica; la realidad la constituyen las ideas, la esencia, y el mundo aparente lo constituyen las sombras de esas formas ideales, que es lo que vemos, y con lo que nos relacionamos. Solamente la mente puede percibir la verdadera esencia de las cosas. El joven es esencia que emana belleza al mundo de las apariencias ( de las sombras).

Una de las tradiciones del soneto isabelino es el perdonar al/la amante. El poeta parece que ha olvidado la supuesta infidelidad del joven de la que sospechaba en sonetos precedentes.

                         Soneto LIII
¿Cuál es tu esencia, de la que estás hecho,
qué millones de extrañas sombras se ciernen sobre ti?
Mientras que cada uno no tiene más que una sombra,
y tú, excepto una, puedes toda sombra prestar.
Describamos a Adonis, y su retrato,
que es una pobre imitación de ti.
En la mejilla de Helena se asentaba todo el arte de la belleza,
y tú en atuendo griego lo representas de nuevo:
hablemos de la primavera, y de la época abundancia del año, 
la primera no muestra más que la sombra de tu belleza,
la otra es representación de tu prodigalidad;
y tú, en cada bendita forma que conocemos.
En toda gracia externa tienes alguna parte,
pero tú como ninguno, y ninguno como tú, tienes un corazón constante.

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