martes, 1 de marzo de 2011

Soneto LII: las fiestas tan solemnes y tan infrecuentes

Otro de los sonetos de la separación entre los amantes. Shakespeare se muestra muy triste y melancólico, mientras se consuela con la idea de que el amor por el joven es algo tan valioso que lo guarda como un tesoro, cerrado bajo llave, para ser utilizado esporádicamente en ocasiones especiales. Probablemente, y dada la desolación que expresa, la relación no pasaba por buenos momentos, además de sufrir la separación física. No sé por qué me da que el joven era algo casquivano y voluble, pero es sólo una percepción mía.

                                      Soneto LII
Tal soy como el rico, cuya bendita llave
le puede conducir a su dulce tesoro encerrado,
al cual no accederá a todas horas,
para no embotar la fina punta del placer esporádico.
Por eso son las fiestas tan solemnes y tan infrecuentes,
puesto que, al no abundar en el largo conjunto del año,
como piedras preciosas, son depositadas con cuidado,
o como mejores joyas fijadas en un colgante.
Así es el tiempo que te guarda como mi arcón,
o como el vestidor que mi capa oculta,
para especialmente bendecir algún instante especial,
al nuevamente desdoblar su preso orgullo.
Bendito eres tú, cuya valía concede la potestad,
si se tiene, para triunfar, si no se tiene, para tener esperanza.


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