jueves, 3 de febrero de 2011

Soneto XXXVII: recibo todo mi bienestar de tu valía

Como curiosidad, los sonetos de Shakespeare se publicaron por primera vez en 1609, en una edición de Richard Thorpe. Sin embargo, parece ser que algunos ya habían estado en circulación en la década pasada: Francis Meres habla en 1598 de sonetos de Shakespeare leídos entre sus amigos íntimos, y la antología The Passionate Pilgrim de William Jaggard, publicada anteriormente a la primera edición de Thorpe, contiene los sonetos 138 y 144. Por otro lado, la edición de Thorpe contiene numerosas erratas y fallos, lo que nos lleva a pensar que no conoció la corrección de la mano de Will Shakespeare. Parece que entre tanto pirata a la Inglaterra isabelina le hacía falta una Ley Sinde.

En el soneto XXXVII Will se humilla ante su joven amante y reconoce que, ante su mala fortuna, todo lo bueno que tiene le viene de las virtudes del efebo. No deja de ser un ejercicio de estilo literario porque Shakespeare en aquella época era un prospero empresario y reconocido dramaturgo, que ya había estrenado gran parte de sus obras más conocidas.

                         Soneto XXXVII
Como un padre decrépito que recibe gran contento
de ver a su activo hijo comportarse como lo hace un joven,
así yo, invalido por la extrema malicia de la fortuna,
recibo todo mi bienestar de tu valía y honestidad;
pues ya sea la belleza, la ascendencia, la riqueza o la inteligencia,
alguna de ellas, o todas, o alguna otra adicional,
las que reposan coronadas sobre tu ser,
yo injerto mi amor en ese compendio de virtudes:
entonces ya no soy inválido, pobre, ni despreciado,
mientras tu sombra me suministra semejante savia,
de forma que yo con tu abundancia quedo satisfecho,
y vivo gracias a una parte de toda tu gloria.
¡Mira, de todo lo mejor, todo ello deseo que esté en ti:
mi deseo se ha cumplido; sea entonces yo diez veces más feliz!

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