miércoles, 2 de febrero de 2011

Soneto XXXVI: nosotros debemos estar separados

Evolución pasional, o estilística si que quiere, de los dos sonetos anteriores. Después del desdén o falta de atención anterior, el poeta se plantea que, a pesar del amor que le profesa al joven, quizá sea mejor que se separen. Will Shakespeare está dispuesto a sacrificar su propio placer, la relación con su amado, por el bien de éste, aunque se nota que lo siente como una injusticia hacia sí mismo. Dicen los expertos que otra visión de este soneto es una defensa que hace el autor de su joven amante (cambiando la perspectiva:, el narrador es el joven) , es decir, que se convierte en su abogado (advocate, como se pintaba  a sí mismo en el soneto anterior).

                      Soneto XXXVI
Reconozco que nosotros dos debemos estar separados,
aunque nuestros amores indivisibles sean uno:
igualmente esas manchas que permanecen  en mí,
sin tu ayuda las tendré que llevar en solitario.
Nuestros dos amores reposan sobre un solo un aspecto común,
aunque en nuestras vidas existe un rencor que nos separa,
que a pesar de que no altera la esencia del amor,
se apropia de las dulces horas del deleite amoroso
de forma que ya no puedo estar contigo más,
a no ser que mi llorada culpa despertara tu compasión:
tampoco me honras haciendo gala de pública amabilidad,
a no ser que sustraigas dicha honra de tu buen nombre:
pero no hagas eso; te amo de tal manera,
que, al ser los dos uno, mía es tu buena reputación.

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