martes, 8 de febrero de 2011

Soneto XXXIX: el alabarte es mi propia alabanza

Vuelve en este caso sobre el tema del soneto XXXVI, es de hecho una continuación o respuesta, sobre las implicaciones de estar separados Shakespeare y el joven. En este caso, la separación se ve como positiva para que el joven recibe la alabanza que se merece de terceras personas, que en suma revierte sobre el poeta.

                 Soneto XXXIX
Oh, ¿cómo puedo cantar tu valía con elegancia,
cuando tú eres la mejor parte de mí?
¿Qué puede conllevar la alabanza a mí mismo?
¿Y qué es sino mi propia alabanza, el alabarte?
A pesar de esto, vivamos separados,
y que nuestro precioso amor deje de ser referido como uno,
como producto de esta separación que te concedo
para que recibas las alabanzas que sólo tú mereces.
¡Oh ausencia, que tormento supondrías,
si tu amargo ocio no me diese dulce licencia
para poder pasar el tiempo con pensamientos amorosos,
los que el tiempo y los recuerdos tan dulcemente disfrazan,
dado que tú nos enseñas a separarnos en dos,
alabando yo desde aquí a aquel que se halla lejos!

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