miércoles, 23 de febrero de 2011

Soneto XLIX: cuando el amor haya arrojado el saldo definitivo

El número 49 tenía especial significado en la Inglaterra isabelina. Es el producto de siete y siete, el número mágico por excelencia. Es por ello, que algunos estudiosos destacan este soneto como uno de los trascendentes del ciclo, junto con el 63, el número climatérico que marcaba el límite medio de la vida humana en el siglo XVI. Curiosamente, y según los numerólogos no por casualidad, ambos sonetos, el 49 y el 63, comienzan con la misma palabra, Against.

En el soneto 49, Shakespeare mirá hacia adelante y predice el fin del amor del joven por él, cuando ya no le haga caso ni le vea ningún atractivo (a fin de cuentas, la belleza, el genio y la val, y le justifica, le perdona su deserción y abandono por adelantado. La verdad es que resulta triste y patético.

                Soneto XLIX
Para ese momento, si ese momento llega,
cuando te vea mis defectos desaprobar,
cuando tu amor haya arrojado el saldo definitivo,
convocada dicha auditoría por consejo de los respetables;
para ese momento, cuando te cruces como un extraño,
y apenas me saludes con ese sol de tus ojos;
cuando el amor, transformado de aquello que fue,
motivos encuentre para mostrarse altivo;
para cuando llegue ese momento ahora yo levanto parapetos
sobre la conciencia de mis propias carencias,
y ésta mi mano, contra mi persona levanto,
para defender las justas razones que te son debidas:
para dejarme, pobre de mí, tienes toda la fuerza de las leyes,
dado que alegar por qué causa habrías de amarme no puedo.

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