lunes, 14 de febrero de 2011

Soneto XLII: amantes culpables, yo os perdono

Último soneto de la trilogía sobre el robo de la amante del poeta por el joven. Shakespeare, como era tradición en la literatura de la época, intenta justificar al joven, basándose en su imagen ideal de pureza e inaccesibilidad. Lo cierto es que el joven se ha beneficiado a su amante y el intenta justificar como puede la conducta de ambos. El soneto conlleva una especie de silogismo enrevesado y al final no sabemos cuál es su conclusión (¿le mantiene a él, a ella, a los dos?). Más bien parece que se aguanta y lo disimula.

                        Soneto XLII
El que tú la poseyeras no es lo que más me apena,
a pesar de que se puede decir que la amaba profundamente;
que ella te tuviera es mi principal dolor,
la pérdida de un amor que me afecta más de cerca.
Amantes culpables, a pesar de todo yo os perdono:
tú la quieres porque sabes que yo la quiero;
y por amor a mí ella de esa manera me maltrata,
aceptando a mi amigo para que él la apruebe para mí.
Si te pierdo a ti, mi pérdida es ganancia en amor,
y al perderla a ella, mi amigo sufrirá esa pérdida;
ambos se encuentran mutuamente, y yo les pierdo a los dos,
y ambos por amor a mí depositan esta cruz sobre mí persona:
pero he aquí la alegría; mi amigo y yo somos uno;
¡Dulce adulación! Entonces ella me quiere sólo a mí.

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