jueves, 24 de febrero de 2011

Soneto L: apesadumbrado viajo por el camino

El poeta se encuentra de viaje y sufre por alejarse de su amado. Intenta espolear su caballo pero éste parece que comparte su pena por la separación y no avanza con la suficiente presteza. Si nos ceñimos a lo literal y no a lo poeticamente figurado, podríamos concluir que Shakespeare viajaba en su propio caballo, que podría recorrer una media de 20 o 30 millas al día, en vez de en los más rápidos caballos de postas, que se alquilaban en las posadas del camino. Pero son sólo suposiciones.

No se puede saber a qué viaje en concreto alude, pero es posible que fuese una de sus visitas a Stratford, donde vivían su mujer y su descendencia, y donde acudía un par de veces al año, dado que habitaba en Londres de continuo. Por cierto, iba poco, pero cada vez que iba dejaba embarazada a Anne. Un día me animaré a publicar la correlación visitas/embarazos.

                        Soneto L
¡Cuán apesadumbrado viajo por el camino,
cuando lo que persigo, el final de mi cansado periplo,
en vez de tranquilidad y reposo me transmite,
“estás tantas millas más lejos de tu amigo”!
La bestia que me lleva, agotada por mi pena,
avanza trabajosamente, cargando con ese sobrepeso en mí,
como si por algún instinto ese desgraciado supiera
que su jinete no desea ninguna velocidad que le aleje de ti.
Azuzarle no consigue la sangrienta espuela,
aquella que de cuando en cuando la rabia hinca en su costado,
y a la que con tristeza él responde con un gemido,
a mis oídos más agudo que el espoleo de sus carnes:
porque ese mismo gemido en mi mente esto introduce,
mi pesar se encuentra más adelante, y mi felicidad atrás.  


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