lunes, 31 de enero de 2011

Soneto XXXIV: la pesada cruz de la ofensa

Esto se pone interesante: parece ser que Will le reprocha al joven el que no le haga demasiado caso e incluso que el ignore. Es un soneto perfecto sobre el dolor que produce el amor no correspondido: la rabia y la desesperación. La capa que se supone que Shakespeare se quita supongo que es una imagen de la confidencialidad que ha alcanzado con el joven, de la complicidad que se supone que este último ha traicionado.

                                Soneto XXXIV
¿Por qué me prometiste un día tan hermoso,
y me hiciste salir de viaje sin mi capa,
para que las nubes oscuras me alcancen en el camino,
ocultando tu porte con su humo podrido?
No es suficiente que atravieses la nube,
para secar la lluvia de mi rostro azotado por el viento,
porque ningún hombre puede alabar semejante bálsamo,
que cura la herida y no acaba con el dolor:
ni tu compasión sirve de tratamiento para mi agravio; 
aunque te arrepientas, aún sufro la pérdida:
la lástima del que ofende presta un flaco alivio
a aquel que porta la pesada cruz de la ofensa.
¡Ah! Pero esas lágrimas son perlas, las que vierte tu amor,
y son valiosas, y redimen todos los actos torcidos.

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