miércoles, 26 de enero de 2011

Soneto XXXII: si te dicen que caí

Shakespeare se plantea su propia muerte y la alta probabilidad de que el joven le sobreviva. Se lamenta entonces de que otros poetas presentes y futuros le superen en calidad literaria, y por ello, le pide a su amante que no juzgue sus versos por la virtuosidad del autor, sino por el amor que los suyos transmiten. Parece un ejercicio de falsa humildad, de estilo literario, pues como hemos visto en sonetos anteriores, el poeta está en exceso seguro de la calidad y superioridad de su obra.

                                   Soneto XXXII
Si sobrevives al día de mi paso a mejor vida,
cuando esa muerte ignorante cubra mis huesos de polvo,
y por casualidad una vez más releas
estas torpes líneas de tu amante desaparecido,
compáralas con aquellas mejores de ese tiempo,
y aunque hayan sido superadas por todas las plumas,
consérvalas por mi amor, no por su rima,
sobrepasada por la calidad de las de hombres más hábiles.
¡Oh! Entonces concédeme tan solo este pensamiento amoroso:
“si la Musa de mi amigo hubiese crecido al avanzar su edad,
un parto más valioso que éste habría tenido su amor,
para marchar en las filas de los mejor pertrechados:
pero como falleció, y surgieron mejores poetas,
a ellos les leeré por su estilo, y a él por su amor.”


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