viernes, 21 de enero de 2011

Soneto XXVIII: la conjura del día y la noche

Este soneto es temáticamente continuación del anterior: el poeta está lejos de su amado y la noche y el día se conjuran para torturarle.

                   Soneto XXVIII
¿Cómo puedo entonces volver con buen ánimo,
al haber sido privado del beneficio del descanso?
¿Si la presión de la jornada no se relaja por la noche,
sino que la noche oprime al día y el día a la noche?
Y ambos, aunque mutuos enemigos de sus respectivos reinos,
se ponen de acuerdo, estrechando sus manos, para torturarme;
el uno mediante el trabajo, la otra protestando
por lo lejos que trabajo, siempre tan alejado de ti.
Le digo al día, para complacerle, que tú eres radiante,
y que le favoreces cuando las nubes emborronan el cielo:
igualmente adulo a la noche de oscuro rostro,
cuando las centelleantes estrellas no parpadean, tú iluminas el ocaso.
Pero el día diariamente alarga mis penares,
y la noche nocturnamente hace que la fuerza de mi pena parezca mayor.


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