jueves, 13 de enero de 2011

Soneto XXIV: jugando a ser pintor

Este blog, como podéis imaginar, no tiene un exceso de visitas; me recuerda al chiste ese que se encuentran dos amigos y uno le dice al otro: "Por cierto, compré tu libro", y dice el otro, "Ah, ¿fuiste tú?". Tampoco es algo que me inquiete (aunque todos esperamos ser lo más leídos posible).

El caso es que en los cursos sobre cómo hablar en público que tanto abundan (presentaciones eficaces),  te dicen que el ponente siempre tiene un "amigo" entre el público, es decir, alguien que está de su parte, que le sonríe y le anima con la mirada. Dicen también que te debes apoyar en dichos "amigos" y dirigirte a ellos directamente con la mirada y en suma, tratarles bien.

En los blogs ocurre lo mismo, por pocas visitas que tengas siempre hay una persona que te sigue y que te alienta, que comenta y que muestra su interés. En el caso de LOS AMORES DE WILL siempre he tenido de mi lado a mi amiga María, que es mi amiga mucho antes de Facebook, de los blogs, de Internet e incluso de los PCs. Y además, participa, que es lo que mola.

El caso es que María me ha hecho un comentario en Facebook que me ha dado una visión nueva de los sonetos de Shakespeare: que son un culebrón, en el buen sentido de la palabra, o sea que es una historia o trama que engancha. Nunca lo había visto así, pero tiene razón. A lo largo de los 154 sonetos vamos viendo la evolución de las relaciones de Will, primero con el joven y luego con la Dama Oscura, con sus cambios de humor, separaciones, desvelos, terceras personas implicadas, rendiciones, redenciones... En fin, que no son una serie de piezas inconexas sino que conforman una historia, que además, engancha. Gracias María.

El Soneto XXIV versa sobre pintura y pintores, el grado de intimidad con el joven crece sobremanera y las declaraciones de amor son decididamente abiertas. Francamente, me cuesta creer que sea un ejercicio de estilo o un alarde de técnica poética: creo que estaba verdaderamente colado por el bello efebo.

                Soneto XXIV
Mi ojo juega a ser pintor, y ha plasmado
una imagen de tu belleza en el lienzo de mi corazón:
mi cuerpo es el marco que lo alberga,
y la perspectiva le impone la mejor técnica pictórica;
porque a través del pintor se aprecia la habilidad,
para descubrir dónde reside tu verdadera imagen,
la que en el estudio de mi pecho cuelga para siempre,
y las ventanas del mismo se iluminan con tus ojos.
Mira ahora el favor qué se han hecho nuestros ojos:
mis ojos han dibujado tu silueta, y los tuyos para mí
son ventanas en mi pecho, a través de las cuales el sol
se solaza asomándose, para de esta manera contemplarte;
y sin embargo los ojos no pueden embellecer su obra,
sólo dibujan lo que ven, no conocen el corazón.

1 comentario:

  1. Gracias a tí Pablo por el ejercicio. Me divierte mucho seguir este culebrón y me entusiasma todo lo que escribes.
    Soy esa de la mirada alentadora, je! Mira que me alegro. Eres un sol!!

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