miércoles, 12 de enero de 2011

Soneto XXIII: como un torpe actor

El poeta, que ya ha hecho una manifestación abierta de su amor por el joven, intenta justificar porque a veces no sabe expresar su pasión en presencia de su amado. Shakespeare se compara con un actor torpe que olvida su papel o con una bestia cuyo exceso de fiereza le hace perder agresividad. La solución es que su (suponemos) amante extraiga los sentimientos del poeta de sus textos, de forma que ellos hablen por él ("let my books be then the eloquence").




                 Soneto XXIII
Como un actor torpe sobre el escenario,
que atemorizado se olvida de su parte,
o alguna bestia salvaje repleta en exceso de rabia,
cuyo abundancia de fuerza debilita su corazón;
así yo, abrumado por tu confianza, me olvido de interpretar
la ceremonia perfecta del rito del amor,
y la fuerza del amor parece decaer en mí,
sobrecargada con el lastre del propio poder de mi amor.
Oh, dejad por tanto que mis libros sean la elocuencia
y los mudos profetas del discurso de mi pecho,
que implora amor, y busca una recompensa,
más que esa lengua que ha expresado demasiado.
Oh, aprende a leer lo que el silencioso amor ha escrito:
escuchar con los ojos pertenece al sutil ingenio del amor.




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