martes, 11 de enero de 2011

Soneto XXII: el tiempo, la muerte y el amor

A la altura de este Soneto XXII, Shakespeare ya realiza declaraciones de amor de lo más abiertas al joven, estableciendo que sus corazones están unidos y que envejecerán juntos.

                                    Soneto XXII
Mi espejo no me convencerá de que soy viejo,
mientras la juventud y tú compartáis la misma edad;
pero cuando contemple los surcos del tiempo en ti,
entonces preveo que la muerte acabará mis días.
Porque toda esa belleza que te cubre
no es sino el justo adorno de mi corazón,
que vive en tu pecho, como el tuyo vive en mí:
¿cómo puedo entonces ser mayor que tú?
Oh, por consiguiente, amor, cuídate mucho
como yo haré, no por mí, sino por ti,
albergando tu corazón, que guardaré con celo
como una tierna comadrona guarda a su bebe del mal.
No creas que tu corazón sobrevivirá al mío:
me diste el tuyo para ya nunca devolvértelo.

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