lunes, 10 de enero de 2011

Soneto XXI: no pregono a mi amor

En este soneto comienza Shakespeare a razonar que no merece la pena "vender", con un exceso de alabanzas y comparaciones a su amado; no desea vocear sus virtudes como haría un tendero. Este poema parece una crítica a otros poetas que se exceden en la alabanza de sus objetos de deseo.

                                   Soneto XXI
No me veo inspirado por el influjo de la Musa,
del que escribe su verso movido por artificios,
utilizando el cielo como motivo ornamental,
comparando cada cosa bella con la propia belleza que ensalza,
y acoplando símiles en orgulloso parangón,
con el sol y la luna, con las ricas gemas de la tierra y el mar,
con las primeras flores de abril, y todas las cosas preciosas
que el aire divino en su redondez engloba.
Oh, dejadme, con amor sincero, sinceramente escribir,
y luego creedme, mi amor es tan bello
como cualquier hijo de vecina, aunque no tan brillante
como esas llamas doradas fijas en el aire celeste:
dejadles que sigan adelante con sus habladurías;
no proferiré alabanzas, puesto que no pretendo venderle.

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